Tres días de abril

Uncertain Glory (Raoul Walsh, 1944)

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Esta película contrapone dos tipos de inteligencia: la del inspector Bonet (Paul Lukas), cartesiana, metódica, que progresa por escalones de ceros y unos y se nutre del miedo al desorden; y la de Jean Picard (Errol Flynn), instintiva, de movimientos felinos, que no se hace determinadas preguntas, femenina (y tan seductora para las mujeres).

Al principio Bonet le dice a su esposa que lleva tantos años siguiendo la pista de Picard que lo sabe todo sobre él, como si estuviera dentro de su cabeza. Nada más falso: podrá seguir sus pasos y predecir sus movimientos exteriores, pero su verdad interior se le escapará continuamente, como un pez escurridizo.

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Uncertain Glory es una película extraña; como Serge Daney vio en La octava mujer de Barba Azul, lo que la hace tan fascinante es su absoluta falta de verosimilitud. La película se adhiere a esa inteligencia peculiar de Jean Picard que escupe al futuro y se ríe de los principios morales. Su verdad reside en el instante, en vivir con la misma intensidad el encuentro con la guillotina y con la mujer desconocida que escucha tras la puerta de la habitación de al lado; en ese pasar de la ligereza de una escena de oración en una iglesia rodeada por tropas nazis, a la seriedad de otra posterior en una granja perdida que acoge a los fugitivos sin esperar nada a cambio.

El final no supone una síntesis sino que aporta una contradicción más. Si comparamos el ciclo de Walsh y Errol Flynn con el de von Sternberg y Marlene Dietrich, esta película sería el equivalente de Dishonored, aunque con una estructura inversa. El sacrificio de Marlene la convierte en una auténtica mujer, mientras que el de Flynn hace de él un hombre. Si para von Sternberg la fuerza del eros disuelve la razón de Estado, aquí las dos parecen avanzar en el mismo sentido.

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Los espectadores cínicos escurrirán el bulto pensando que se trata de un final «de película». Pero para ser verdaderamente cínico, como Picard, hay que aventurarse más allá de los lugares comunes. Él acaba resultando escurridizo incluso para sí mismo; a mitad de camino entre los ángeles de Rilke y los de Pasolini y Arrieta, cambia la vida de las personas con las que se cruza. El personaje es imposible de imaginar sin la presencia de Errol Flynn, que se desliza con elegancia de equilibrista entre la entrega al placer y una fuerza oscura que lo impulsa a la autodestrucción. Una y otra son inseparables. Como escribió Omar Jayyam, no se puede inclinar la copa sin derramar el vino. En sus películas con Walsh, que dan forma indeleble a la leyenda de su vida, Flynn parece una reencarnación extrema del espíritu del poeta persa. Así que copio para terminar la versión de Fitzgerald de una de sus Rubayat, que nos recuerda que la vida y el cine no están tan alejados, si bien se piensa:

We are no other than a moving row
Of Magic Shadow-shapes that come and go
Round with this Sun-ilumin’d Lantern held
In Midnight by the Master of the Show. (1)


(1) Manuel Bernabé la tradujo así al castellano:

No somos más que hileras de seres que se irán,
sombras caleidoscópicas que vienen y que van,
danzando alrededor de la linterna mágica
que sostiene en la noche el Místico Guardián…

Y he aquí otra versión de José Gibert, a partir del original de Jayyam:

Igual que una linterna mágica es esta Rueda
en torno de la cual vamos todos girando:
la lámpara es el sol, el mundo la pantalla,
nosotros las imágenes que pasan y se esfuman.

10 comentarios en “Tres días de abril

  1. jadsmpa79

    Me apunto a la primera traducción. Han pasado décadas desde la última vez que vi «Uncertain, Glory», pero para mí está entre los grandes Walsh olvidados de ese periodo, junto a «Northern Pursuit», «Desperate Journey» y esa maravilla titulada «The man I love», una de sus obras maestras. Errol Flynn, un formidable actor subvalorado al que solo se cita para contar chistes escandalosos.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      La traducción filtrada a través de Fitzgerald retiene las resonancias de Shakespeare (el monólogo del acto V de Macbeth) inevitables en un poeta inglés, y se aviene mejor con una película cuyo título proviene de un verso de Los dos hidalgos de Verona (dicho por un personaje que se llama, justamente, Proteo). Flynn quizá no fuera la elección idónea para interpretar a Shakespeare, sin que ello, en contra de ciertos prejuicios rancios pero bien arraigados, rebaje su talla como actor de cine. En cuanto a Walsh, su obra es tan extensa y proteica que desborda todos los posibles cánones de “diez mejores películas”; pero basta con haber visto una vez Uncertain Glory para no olvidarla nunca.

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  2. jadsmpa79

    Hace poco me pidieron una lista de directores. Cuando me quise dar cuenta no había incluido a Walsh. Resulta que pones a uno con dos películas memorables y dejas fuera a otro que tiene no menos de treinta. ¿Tiene sentido?

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      El problema de las listas es que, para no ser injustas, tendrían que ser muy amplias. Y el problema de las listas amplias es que resultan disuasorias, porque requieren mucho tiempo de elaboración y no interesan a casi nadie.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      De Lourcelles he encontrado por ahí una lista de 100 mejores películas europeas (no sé si es a la que te refieres) bastante caprichosa -aparte de que no repite directores, por lo que no se sabe muy bien si es una lista de cineastas o de películas. Respecto a las del primer tipo, me parece más acertado tu planteamiento de distinguir entre autores de «obras completas» y los que destacan por algunas excepcionales.

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      1. jadsmpa79

        No recuerdo si fue Miguel Marías quien distinguía entre cineastas «de obra» y cineastas «de títulos». Hay ejemplos para todos los gustos y aún podríamos subdivir esas categorías. Sí, esa es la lista de Lourcelles, sorprendentemente ortodoxa en algunas zonas, menos interesante conforme se acerca al final, donde se aprecia cierta dispersión propia del que avanza sin haber medido la distancia.

      2. elpastordelapolvorosa Autor

        De acuerdo con las subcategorías: ¿dónde poner a los autores de una sola película, ya sea en sentido literal (Charles Laughton, Forugh Farrokhzad) o figurado?

        La falta de distancia siempre dificulta las cosas, y además en este caso me temo que el gusto de Lourcelles (su propia concepción de la historia del cine como algo cerrado, que alcanza su perfección clásica entre 1930-60 para caer después en una especie de prolongado periodo helenístico, de alta Edad Media sumida en la impotencia creativa), no era lo bastante amplio como para abarcar muchas de las mejores películas de las décadas siguientes; y, por sus propias reglas del juego, a los autores que le gustaban y seguían en activo en esos años ya los había «consumido» con películas de aquella «edad de oro». Aunque tuviera razón en lo esencial, hay algo que rechina en ese esquematismo de academia prusiana.

  3. jadsmpa79

    Hombre, esquemáticas y de academia prusiana eran las listas que se publicaban tras la guerra, en su inmensa mayoría confeccionadas conforme al canon anglosajón, que rige también en la literatura y que, en el caso del cine, desembocaba inevitablemente en Kane. Muchos profesores de universidad actuales siguen fieles a ese patrón y te pondrán cara de sapo si les dices que Tourneur te parece mejor que Welles o que Lang tiene veinte películas mejores que «Metrópolis». En este sentido, Lourcelles tiene un agradable punto provocador. O lo tenía.

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  4. elpastordelapolvorosa Autor

    No me refería tanto a su lista como a su concepción de la historia del cine, que parece seguir al pie de la letra el esquema más rancio de los periodos del arte griego: arcaico (primitivismo), clásico (perfección), helenístico (decadencia). Las cosas son un poco más complejas, tanto en el arte griego como en el cine.

    Dicho esto, es cierto que Lourcelles tuvo en general un gusto impecable respecto al tipo de cine que le interesaba. Su lista más relevante la componen en realidad las 1.500 películas de su diccionario, sobre el que Daney comentó: «El gran público real de las salas de antaño tenía gusto, pero gracias a este diccionario ¡el gran público potencial del futuro corre el riesgo de tener aún mejor gusto que sus abuelos! Ya que podrá ver lo que ellos vieron mal y saber lo que ellos supieron mal: el talento subestimado de los Tourneur, Matarazzo, Naruse, Ulmer, Fregonese, ya no se les escapará.»

    Lourcelles es, en este sentido, incuestionable, y después de él ya no tenemos excusa para seguir repitiendo los tópicos a los que te refieres.

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