Andantino

Au hasard Balthazar (Robert Bresson, 1966)

girl-donkey

La idea de Au hasard Balthazar proviene, como es habitual en Bresson, de Dostoievski: en El idiota, el príncipe Myshkin relata cómo, durante su periodo de convalecencia en Suiza, se recuperó de su enfermedad (una epilepsia que, después de los ataques, le sumía en una profunda atonía): “la circunstancia que la eliminó fue escuchar el rebuzno de un asno que se hallaba tendido en el suelo, en la plaza del mercado. El asno me impresionó vivamente; verlo me causó, no sé por qué, un placer extraordinario… Y mi cerebro recobró en el acto su lucidez.” Su interlocutora responde: “Un asno. ¡Qué raro! … Aunque, después de todo, no tiene nada de raro. Muchas personas sienten cariño hacia los asnos. Eso se veía ya en los tiempos mitológicos.”

mitologia

En el capítulo siguiente, el príncipe cuenta su felicidad al estar con los niños del pueblo. Al principio ellos no le hacían mucho caso, pero esto cambió por su relación con una chica pobre y desgraciada llamada María, a la que los niños perseguían para reírse de ella. El príncipe consiguió cambiar esta actitud: “en breve todos los niños llegaron a amarla, y a experimentar a la vez un repentino afecto por mí (…) Cuando los adultos me reprochaban el no ocultar nada a los chiquillos y el hablarles como si fueran personas mayores, yo respondía que era vergonzoso mentirles. Además –añadía–, a pesar de todas las precauciones, ellos llegarán siempre a saber lo que nos empeñamos en ocultarles, con la diferencia de que lo sabrán de un modo que excite su imaginación, mientras que conmigo ese peligro no existe.”

niños

Lo mismo podría decir Bresson: con él ese peligro no existe. La sombra de Dostoievski se proyecta también sobre el tema central de la película: la corrupción de la inocencia. Hoy está mal visto entre los cinéfilos hablar sobre el contenido de las películas de Bresson (lo mismo que ocurre con las de Ingmar Bergman): parece una involución hacia los cineclubs de la España de los 60, los premios de la Oficina Católica Internacional del Cine y los comentarios sobre el estilo “trascendental” de Paul Schrader. Pero tratar de glosar el logro formal (indiscutible) del cine de Bresson al margen de su contenido es un camino sin salida, salvo que uno se convierta en poeta, como Jonas Mekas en su reseña de Une femme douce. (1)

“Juzgar la belleza es difícil. Aún no me siento con fuerzas para hacerlo. La belleza es un enigma”, decía Myshkin en El idiota.

Las películas de Bresson tratan de preservar el misterio de las cosas, de impedir que las contradicciones se junten; Marie (como después, de forma aún más evidente, Mouchette) desciende del Edmund de Alemania, año cero. (2)

Ninguna explicación causal o psicológica nos facilitará la comprensión de los sucesos de Au hasard Balthazar, que parecen actos gratuitos (como el crimen de El extranjero de Camus): por qué el padre de Marie oculta sus cuentas, por qué Marie se entrega a Gérard, por qué Gérard y sus compañeros presionan la conciencia de culpa de Arnold, por qué Arnold maltrata a Balthazar después de haberlo salvado, por qué Marie vuelve a la casa ocupada por la banda de Gérard después de comprometerse con Jacques. Tratar de explicar estos actos recurriendo al cliché de los “pecados capitales” es explicar muy poco. Como ocurre con las películas que hacía Bergman en los años 60, parece claro que Bresson pretende reflejar el mundo después de la muerte de Dios. Siguiendo el esquema habitual de las novelas de Dostoievski, los críticos han interpretado la película como una confrontación de seres humanos ofuscados por sus pasiones con una alegoría de la Pasión de Cristo, en este caso rebajada de toda trascendencia y sentimentalismo bajo la figura de Balthazar; sin que esa confrontación conduzca a ningún cambio de actitud, ninguna conversión, ninguna síntesis en el marco del relato. Esa interpretación puede ayudar a comprender a posteriori el porqué de Bresson, de su proceso creativo, pero no los porqués de Marie, de su padre, de Jacques, de Gérard, de Arnold, mientras vemos Au hasard Balthazar. Sería un error simplificar la dificultad de la película interpretándola como una alegoría: al contrario, su dificultad es la que reviste toda interpretación de lo real –aunque en las películas de Bresson la realidad nunca aparece registrada de modo transparente, sino desmenuzada y reconstituida, después de haber pasado por fríos alambiques.

Bresson dijo que la originalidad consiste en pretender hacer lo mismo que los demás sin conseguirlo. Aunque pocos cineastas parecen más impermeables que él a la influencia exterior, la irrupción de la nouvelle vague, o los cambios sociales que la hicieron posible, tuvieron consecuencias sobre su obra: el cine, después de A bout de souffle, entró en una nueva era, la de “la pérdida de su inocencia y magia natural”, para volverse, según Jacques Lourcelles, “más triste, menos creativo, más consciente de sí mismo”. La evolución en el cine de Bresson no afecta esencialmente a la vertiente formal (cuyas bases aparecen ya bien establecidas en Le journal d’un curé de campagne), sino al contenido: sus películas se van haciendo cada vez más agrias y desesperanzadas, y si André Bazin hubiera vivido podría haberlas incluido en una nueva edición, muy ampliada, de su “cine de la crueldad”. Más allá de estas conexiones de época, me gusta conjeturar que Bresson conoció y llevó a su terreno rasgos de estilo de un cineasta tan alejado de su sensibilidad como Jacques Demy: en concreto, cómo la cámara registra los encuentros y desencuentros azarosos de los personajes; y también la repetición de breves ráfagas musicales a lo largo de la película (por ejemplo, el andante de la séptima sinfonía de Beethoven en Lola), un recurso que tomaría también Godard.

En Au hasard Balthazar, el motivo musical recurrente es el tema principal del andantino de la sonata D 959 de Schubert. Bresson convierte al wanderer, ese arquetipo romántico de Schubert, Goethe y Friedrich, en un burro. El animal tiene una dignidad superior a la de los humanos porque, a diferencia de estos, es capaz de mantener la inocencia. Los títulos de crédito funcionan como un comentario, el único que el autor se permite, pero que no tiene carácter verbal: nos instalan en la caída, el descenso lleno de disonancias de la sección central del movimiento, cuyo clima trágico contrasta de forma radical con la serenidad infinitamente nostálgica de las secciones extremas (las que escucharemos a lo largo de la película; generalmente en su primera aparición al inicio del movimiento, aunque también en una ocasión aparece en la forma variada que adopta en la reexposición final: a partir de 6’57 en la versión adjunta). En los títulos de crédito, el pasaje central de la caída (a partir de 3’22) se ve interrumpido por los rebuznos inarticulados del burro: en ese choque se resume toda la dialéctica de la película.


(1) Aunque Bresson no es Dostoievski, hay que recordar que este último fue siempre enemigo del esteticismo formal: “La belleza es cosa terrible y espantosa. En el seno de la belleza, las dos riberas se juntan y todas las contradicciones coinciden.” (Los hermanos Karamazov). En Demonios, la moral puramente estética revela su capacidad de corrupción en las figuras de Stepan Fiodorovich (“No se puede vivir sin belleza”) y su hijo el cínico Piotr Stepanovich, que solo muestra pasión verdadera cuando le dice a Stavogrin: “Eres bello como un ídolo”.

(2) André Bazin escribió sobre Alemania, año cero: “el neorrealismo tiende a devolver al film el sentido de la ambigüedad de lo real. La preocupación de Rossellini ante el rostro del niño en Alemania, año cero es justamente la inversa de la de Kuleshov ante el primer plano de Mosjukin. Se trata de conservar su misterio.” Como si tratara de ilustrar estas palabras, Bresson introdujo en Au hasard Balthazar una variante del experimento de Kuleshov: se trata de la escena en que el burro llega al circo, y “mira” a los animales allí enjaulados (un tigre, un oso, un chimpancé, un elefante).

Fuentes de las imágenes: bfi.org / c1n3.org

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6 pensamientos en “Andantino

  1. jadsmpa79

    Mucho tendría que comentar acerca de tu excelente texto, pero me ceñiré a tres aspectos. 1) El vínculo con Dostoyevski, menos evidente aquí que en “Pickpocket” o “Une femme douce”; la verdad, nunca vi esta película a la luz del escritor ruso -acaso como una reinterpretación descarnada y pesimista de Apuleyo-, pero cabe replantearselo y lo haré. 2) La desesperanza. Ya sabemos que a Bresson le gustaba contradecir a sus admiradores; “lo que llamaís pesimismo, yo lo llamo lucidez”, respondía; pues bien, pese a las objeciones del director, “Au hasard Balthazar” constituye un viraje de la nave bressoniana hacia las negras aguas del ser humano; con un golpe de timón muy seco, además. 3) Bien vista la relación con el “wanderer” schubertiano, figura que siempre me ha obsesionado, como la del príncipe Mishkin, invocado al principio; nunca me cansaría de escuchar sus sonatas, pero ¿por qué Sokolov teniendo a Brendel? Por otro lado, quisiera recordar a Anne Wiazemsky, que murió el mes pasado. Nos deja su memoria y sus libros. Por ahí anda también Klossowski, cuyo famoso hermano (Balthus) se llamaba ¿casualmente? como el asno de la película.

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  2. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    La elección del intérprete es puramente personal: antes que Brendel, sutil, objetivo e inteligentísimo, mis pianistas de referencia para Schubert han sido Richter (que no grabó esta sonata), Kempff, Lupu y, desde que pude escucharlo en vivo el año pasado, Sokolov (insuperable en los tiempos lentos).

    Bien traído el recuerdo de Anne Wiazemsky, la primera “modelo” que hizo carrera como actriz más allá de Bresson (después también le ocurriría con Dominique Sanda e Isabelle Weingarten), y más tarde carrera literaria; no he leído sus libros, ni tampoco nada de Klossowski, pero ambos son buena muestra de la argamasa intelectual de la que el cineasta se rodeaba para hacer sus películas.

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  3. jadsmpa79

    De acuerdo con Richter, para mí uno de los tres o cuatro pianistas más grandes, del que en vano he buscado esta sonata. Contra la opinión de ciertos melómanos, el menospreciado Kempff siempre fue de mi agrado, también en Schumann y Beethoven. Sokolov, como Pletnev, ha sido ensalzado en exceso, siempre en mi opinión y dejando a un lado sus actitudes bordes en los ensayos, que no son privativas de los cantantes. He escuchado no obstante su interpretación de la sonata de Schubert y me parece notable. Aun prefiriendo a Brendel, tu elección me merece todo el respeto. ¿Quien interpretará la D 959 en el filme de Bresson?

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  4. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    En los créditos de la película aparece el nombre del intérprete, que es un pianista francés al que desconozco. Quizá Sokolov estira el concepto de “andante” (aunque esto mismo, con mayor motivo e incluso para movimientos más rápidos, se podría decir de Richter), pero el toque cristalino, nada sentimental, sirve de contrapeso a la seriedad del estilo, y la música alcanza una belleza abstracta, ensimismada, despojada de expresividad exterior: en este sentido, la suya me parece una interpretación próxima a Bresson, ya que Sokolov muestra la misma despreocupación por la “corrección” estilística que aquel por el naturalismo.

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    1. jadsmpa79

      Es Jean-Joël Barbier. No sé por qué, me imaginaba que no salía en los créditos, como los anónimos intérpretes de la música lulliana en “Pickpocket”. Habrá que escuchar su Satie.

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  5. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Gracias, José Andrés: aquí hay una muestra.
    Veo que, aparte de tocar el piano, escribió novelas, crítica musical y un diccionario de músicos franceses.

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