Los hijos del limo

Lucky Star (Frank Borzage, 1929)

combate

Las películas más representativas de la obra de Frank Borzage se caracterizan por su visión del amor como una fuerza redentora, casi milagrosa: al contrario que en la poesía mística, el amor humano no aparece en ellas como metáfora de la unión divina sino como una realidad terrena que, por su intensidad, adquiere una proyección sobrenatural. Algunos críticos lo han conectado con la concepción del amor de André Breton y los surrealistas, herederos del movimiento romántico en el siglo XX, y de hecho las películas de Borzage podrían encuadrarse, en primera instancia, entre los espectáculos ingenuos que aquellos admiraban como contenedores de una verdad más profunda que las manifestaciones refinadas de la cultura burguesa.

El motivo de la “redención por amor”, procedente del Fausto de Goethe, se convirtió en un tópico del romanticismo y acabó llegando al cine (1): se trata de una de las grandes líneas de fuerza del melodrama, en la que se inscriben, además de las principales películas de Borzage (entre las que figura Lucky Star), otras posteriores de otros cineastas que mantienen esa visión del amor como una fuerza imprevisible que eleva a los miembros de la pareja por encima de sí mismos: Candilejas, An affair to remember, On dangerous ground (entre otras de Ray), Some came running, El apartamento… En las antípodas de esta concepción está la tendencia de la “degradación por amor”, que procede de novelas como Cumbres borrascosas, y que resultaría tan fructífera en el cine negro y en la obra de Hitchcock, Visconti, Renoir o Lang; y más lejos aún el escepticismo moderno ante los milagros (que solo los admite, en este caso de buena gana, en nombre de la voluntad individual bajo los principios de la autoayuda).

En Lucky Star el amor de los protagonistas, Mary (Janet Gaynor) y Tim (Charles Farrell) no es un amor a primera vista, o quizá lo es a un nivel más allá de la superficie, si pensamos que pegarse (unos azotes en el culo) y morderse es la única forma de tocarse que los dos jóvenes tienen a su alcance cuando la película los reúne por primera vez. Las ventanas y la puerta de la casa de Tim encuadran a los miembros de la pareja, que ignoran la fuerza que los incita a superar esos umbrales y los atrae el uno hacia el otro. Tim, un hombre de recursos, cuya ética le permite hacer frente a la adversidad, es el que primero adquiere conciencia de esa fuerza –cuando Mary lo abraza por primera vez, de forma inocente, para agradecerle un regalo, y la cámara muestra su rostro mientras el de ella permanece oculto, sus ojos primero llenos de arrobo e inmediatamente después de pánico.

primer abrazo

Más que la sorpresa narrativa, ese cine mudo tardío que se resiste a abandonar la escena busca la delicadeza y la exactitud del gesto, y las encuentra maravillosamente en la obra de Borzage, uno de sus mayores artífices, como vía de acceso para retratar la intimidad y la dignidad esencial de las personas; esta película nunca recurre a espejos deformantes, y refleja en todo momento a sus personajes, incluso cuando adoptan hábitos de picaresca, con la limpidez de un arroyo de montaña.

objetos

Quizá por ello la película puede parecernos hoy ingenua, pero no lo es desde el punto de vista narrativo: el espectador siempre sabe más que los personajes, y el suspense está centrado en las reacciones de ellos más que en las revueltas de la trama. Las circunstancias externas aparecen reducidas a lo esencial, y la acción transcurre en un decorado de cuento, en el que Mary es como una especie de patito feo al que Tim eleva a su condición de cisne mediante una limpieza tanto física como espiritual: ambos aspectos están unidos. Como sucede en los cuentos, la inocencia del tono no implica ingenuidad de fondo, y el discurrir del relato demuestra que no siempre obedecer a una madre es la regla moral más acertada; por otra parte, el ascenso de Mary hacia su mejor yo la coloca, precisamente, en situación de máximo peligro (la salvación y la corrupción están solo separadas por una carrera contra el reloj, en las circunstancias más difíciles, sobre la nieve bella y siniestra al mismo tiempo). El desenlace guarda aún un giro que se resume en el penúltimo intertítulo, y que completa el sentido de la película con tanta precisión como belleza, en tanto que los amantes se abrazan bajo la nieve en un extremo del encuadre, ya sin la separación y el miedo de su primer abrazo, mientras el tren de la amenaza se pierde en la distancia.

abrazo final


(1) Aquí hay que hacer una referencia especial a Murnau y su Fausto, pero también Nosferatu y Amanecer.

Lucky Star puede verse, junto a otras muchas joyas, algunas bien conocidas y otras ignotas, oscuras referencias en las viejas historias del cine, en la filmoteca on line de Ediciones Shangrila.

Las imágenes proceden de: mubi.com / dvdclassik.com

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16 pensamientos en “Los hijos del limo

  1. jadsmpa79

    Para mí una de las cumbres de Borzage, que recuerdo haber visto hace años en uno de esos estados de felicidad que producen las últimas grandes películas del periodo mudo. Maravillosos actores, director inmenso.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Como sugieres en tu comentario sobre El séptimo cielo, estas películas de finales del mudo sugieren la proximidad de la música. De hecho, el ciclo que se inicia en aquella película, y del que “Lucky Star” forma parte, puede verse como un tema y variaciones.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Tengo muy lejana “The mortal storm”, que también forma parte de un ciclo, junto a “Little man, what now?” y “Three comrades”. Esta última, que tiene menos prestigio crítico, es la primera película que vi de Borzage, y creo que también de Margaret Sullavan (la nueva encarnación del eterno femenino del cineasta, previamente encomendada a la sublime Janet Gaynor).

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      1. jadsmpa79

        Creo que, poco a poco, se ha restituido el prestigio crítico de “Three Comrades”, que no sé cómo pudo perderse alguna vez, ya que es otra de las cimas de Borzage. A este respecto conviene no fiarse mucho de las calificaciones otorgadas en determinadas revistas (Dirigido Por), menos aún en las sugerencias de guías y manuales, nada en las de los periódicos. Borzage presentía el término de las cosas y luchaba contra ese fin a través de sus personajes.

  2. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Gracias por el apoyo a “Tres camaradas”, José Andrés. Mi sensación se debía a que no la oigo citar desde hace mucho; por otra parte no aparece en el diccionario de Lourcelles, una de las fuentes de referencia para este tipo de cine.
    Por cierto, Joao Palhares acaba de publicar en su muy recomendable blog informativo, Cine Resort, unas reveladoras palabras de Borzage en 1920, traducidas al portugués. Y sobre “Lucky Star” también se pueden encontrar aproximaciones muy enriquecedoras (incluyendo una en castellano de Miguel Marías) en las últimas entradas del blog del cine club de Braga que tiene precisamente ese nombre, en homenaje a Borzage.

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    1. jadsmpa79

      Suscribo enteramente las palabras de Miguel Marías, que además constituyen una excelente introducción al cine de Borzage. La frase-epítome a la que se refiere, “Human souls made great by love and adversity”, pertenece a “Street Angel”, que tendría por su mejor película si no existiera tan seria competencia. Que Borzage no entre en el canon cinéfilo dice muy poco de los cinéfilos (o de la mayoría de ellos). En cuanto a las tempranas reflexiones de Borzage, algunas de las cuales están recogidas en el volumen de Hervé Dumont, son una demostración de que el cineasta tenía ya ideas firmes acerca del medio y de cómo trabajar con los personajes. Otra lección olvidada.

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      1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

        Suscribo tus palabras, aunque dentro de la obra muda de Borzage mis preferencias van hacia “Lucky Star” y “El séptimo cielo” por delante de “Street Angel” (una película más experimental desde el punto de vista técnico, en la que no consigo empatizar del todo con el contenido melodramático algo convencional para mi gusto; sin embargo, el memorable final redime todas las culpas).
        Por cierto, se me olvidó comentar que entre los artículos del blog de Lucky Star, el de Jose Oliveira cita, muy apropiadamente, “Three Comrades”.

  3. jadsmpa79

    Tendré que volver a ver “Street Angel”, porque no eres el primero que me pone objecciones, aunque desde la primera vez me pareció sublime y dudo mucho que me baje. ¡Y nos estamos olvidando de ese pecio magistral que es “The River”! ¿Adónde habría llegado Borzage si no hubiera irrumpido el sonoro, donde por otro lado realizó tantas grandes películas?

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  4. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Es solo una opinión, aunque reciente (acabo de verla el fin de semana, después de “Seventh Heaven”). De todas formas, ante películas con un final tan avasallador como el de “Street Angel” habría que preguntarse si no tendría razón Scorecki cuando, a propósito de “Le trou” de Becker, escribió provocadoramente que las películas están ahí para ser vistas una sola vez, para ser admiradas o detestadas y basta; “la primera vez es la única que cuenta”.

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    1. jadsmpa79

      Mmmm… Se podría hablar mucho sobre eso. A veces es un ulterior visionado el que, unido a la evolución del espectador y sus circunstancias personales, lo tornan receptivo (o reacio) a aquello que amó o rechazó la primera vez. Por poner el ejemplo de “7th Heaven”, recuerdo que la vi a edad muy temprana, en un pase por televisión, y no me impresionó demasiado (entonces eran otros los ídolos), pero cuando me hice adulto supuso un auténtico “shock”. Y al revés: primeras experiencias ligadas a películas de género menospreciadas por la mayoría son las que, a la postre, podrían resultar más fiables, pues la sensibilidad adulta, cargada de razones, pero también de prejuicios, no siempre acierta en sus diagnósticos. Lo dicho, es un tema amplio…

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      1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

        Lo has expuesto de forma inmejorable. A ver quién no ha tenido nunca un error de apreciación en primera instancia, y eso por no hablar de la concepción “biográfica”, de las películas que han visto pasar nuestras vidas, que acuñaron Schefer y Daney.
        Por otra parte, me parece que las mejores películas tienden hacia la música (pucciniana en el caso de “Street Angel”, pero también de otros muchos tipos), y por tanto el placer que producen aumenta con la frecuentación y la familiaridad, como ocurre siempre con la música.

  5. Jesus Cortes

    Yo, la verdad, creyendo entender el ditirambo rimbaudiano de Skorecki, no sé de nada que valga la pena – una película, un disco, una persona, un lugar – que no haya querido conocer mejor.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      La frase de Skorecki se puede poner quizá en conexión con lo que decía Godard en “Histoire(s) du cinéma”: las películas son mercancía y hay que quemarlas. Pero atención: quemarlas con un fuego interior. El arte, como los incendios, nace de lo que quema.
      Dicho por alguien que ha visto y vuelto a ver todas las películas.

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  6. jadsmpa79

    Comparto parcialmente la diatriba de Skorecki contra los “nuevos cinéfilos”, no así este juicio, un tanto paralizador. Creo que todo merece una segunda oportunidad, aun cuando nos expongamos a la decepción.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Pensándolo bien, creo que el juicio de Godard vale sobre todo para él mismo: no un mandato general, sino una definición de su método personal (su apropiación de todo el cine anterior para convertirlo siempre en otra cosa).

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