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Hágase la luz

La sal de la Tierra (Wim Wenders & Juliano Ribeiro Salgado, 2014)

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En 1951 el filósofo Theodor W. Adorno condenó como un acto de barbarie escribir poesía después de Auschwitz. (1)

Diez años después, Jacques Rivette trasladó esta condena al ámbito del cine en una crítica sobre Kapò, película sobre los campos de exterminio nazis dirigida en 1959 por Gillo Pontecorvo: el título de la crítica, “De la abyección”, no alude a los nazis, sino a la película -o, para ser más preciso, a una sola imagen de ella: un travelling que acompaña la muerte de uno de los personajes.

Leyendo ese artículo, que se publicó en el número 120 de Cahiers du cinéma, un joven llamado Serge Daney decidió su vocación: sería crítico de cine. Su propia versión de la historia puede leerse en un texto publicado póstumamente en el número 4 de la revista Trafic, que está disponible en traducción castellana gracias al blog que enlazo aquí:

http://nosepuedevolveracasa.blogspot.com.es/2010/05/el-travelling-de-kapo.html

Estos antecedentes, más o menos inconscientes, pesan en algunos ánimos cuando nos enfrentamos a las fotografías del brasileño Sebastião Salgado: su apuesta por una “belleza” fotográfica convencional, que agota la latitud de exposición del negativo en blanco y negro y las posibilidades de contraste del papel baritado para sus retratos a contraluz del hambre, los desplazamientos forzados de población y el genocidio, nos enfrenta incómodamente al dilema de Adorno.

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La mezcla de arte y moral es resbaladiza, y exige un criterio muy fino si uno no quiere convertirse en un déspota totalitario al estilo del mismo Adorno (que patinó notoriamente en sus valoraciones de algunos músicos -Stravinsky, Sibelius-, a los que sentenció a partir de principios morales que guardan escasa relación con sus obras).

Para una valoración justa, hay que tener en cuenta que Salgado, a pesar de su formación como economista, no es un intelectual sino un aventurero que se enfrenta al problema del Mal de manera emocional, con una sensibilidad a flor de piel: en su obra, la relación entre forma y contenido no es de equilibrio, sino de cortocircuito. Sus fotografías podrán gustarnos más o menos, pero sería injusto despreciarlas como bárbaras, abyectas o inmorales: en ellas alienta una indudable empatía hacia las víctimas. Su mirada no es la del buitre, sino la de un compañero de viaje (por más privilegiado que pueda ser).

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Es obvio que la suya no es la única forma de enfrentarse a estos temas: el fotógrafo chileno Alfredo Jaar sería el contraejemplo, por el lado del rigor conceptual depurado de excesos sentimentales, de la renuncia deliberada a una belleza que resultaría contradictoria con el motivo.

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La aportación de Win Wenders a La sal de la Tierra, película que firma al alimón con el propio hijo de Salgado, es minimalista; constituye en primer lugar, un testimonio de admiración por el fotógrafo. La película expone a lo largo de su desarrollo dos visiones de su figura como una suerte de último aventurero romántico.

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La primera culmina en la desesperanza del Marlow de Conrad, que es evocado expresamente; en esta ocasión se adentra en el Congo no siguiendo el río, sino una línea de ferrocarril que sirvió de vía de acceso a la selva para la segunda oleada de refugiados de Ruanda. Decía antes que la obra de Salgado no es intelectual: en su viaje al corazón de las tinieblas, el moderno Marlow no encuentra a ningún Kurtz. Es testigo del horror, que describe con imágenes indelebles, pero que dejan en el aire la pregunta: ¿quién es el responsable?

Al igual que Marlow, Salgado retorna a la civilización, consciente de que es sólo una apariencia. A diferencia de aquel, no se ve en la obligación imposible de relatar su experiencia a la viuda de ningún Kurtz, sino que recibe el apoyo de su mujer, quien le descubre un nuevo camino: la posibilidad de recrear el paraíso perdido de su infancia.

Así, como buen romántico, Salgado retorna al origen: al Génesis.

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(1) Quienes consideren que la filosofía occidental es una nota a pie de página de Platón, reconocerán en esta postura un moderno avatar de la expulsión de los poetas de la República.

Fuentes de las imágenes:

– amazonasimages.com
– sebastiaosalgadoisabel.blogspot.com
– artishock.cl
– iconicphotos.wordpress.com

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