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La madre

Shen Nü – La diosa (Wu Yonggang, 1934)

Este es un comentario sobre la película proyectada ayer en Santander en la Fundación Botín, presentada por Richard Peña y acompañada en directo por el guitarrista Gary Lukas.

madre e hijo
Lo desconocemos casi todo sobre China, y el cine no es una excepción: su redescubrimiento crítico se inició, con más de 30 años de retraso respecto al homólogo del cine japonés, en la década de 1980. La diosa ha sido una de las películas más valoradas por los conocedores dentro de la etapa de despegue de la industria nacional del cine chino, que se extiende entre el final de la época muda y el triunfo de la revolución comunista en 1949. Según estos mismos expertos (resumo groseramente aquí la presentación de Richard Peña), en este periodo el cine chino no mira hacia Japón ni hacia la URSS (los vecinos más potentes), sino que se construye bajo la influencia primordial del cine americano.

La diosa es el eufemismo con el que se designa a las prostitutas en el argot de Shanghai. Pero la película juega también con el sentido literal del término, tanto por la belleza de su protagonista como por la visión casi beatífica de su sacrificio vital.

actriz

Como en la novela rusa del siglo XIX, es significativo de la situación social el hecho de que pudiera construirse un relato sobre el tipo de la prostituta de corazón de oro, que se ve forzada a ese cometido porque es su único recurso para mantener a su familia. Para comprender la distancia entre la sociedad china y, por ejemplo, la americana de la época, no está de más recordar que la protagonista, Ruan Lingyu, se suicidó unas semanas después del estreno de la película, al parecer debido al acoso de la prensa por la relación que mantenía con un hombre casado -un destino tanto o más cruel que el de su personaje en la ficción, y que fue objeto de una película posterior: Center stage, dirigida en 1992 por Stanley Kwan.

composicion

La diosa se inicia con la imagen de un operario que cambia la bombilla de una farola en la calle, como si fuera una metáfora de su propio objetivo: iluminar la realidad y acercar al espectador a algunos aspectos oscuros.

En su transcurso, se nos muestra el contraste evidente entre la modernidad exterior de la ciudad de Shanghai, con sus radiantes edificios y luces nocturnas, y el anacrónico oscurantismo y la hipocresía de sus habitantes.

Se trata, en definitiva, de un intento de cine social de inspiración izquierdista, que fue considerado como ingenuo por la posterior crítica comunista: ciertamente, el final sentimental no justifica con suficiente contundencia la necesidad de una revolución social; podríamos concluir, a partir de su visión (y utilizando la terminología de nuestros días), que la labor de las ONG bastaría para construir un futuro mejor.

Al margen de la visión deliberadamente simplista de la historia, en la que la bondad y la maldad se separan netamente, las interpretaciones son matizadas y creíbles, e incluso los figurantes más secundarios (un policía despistado, un estirado profesor, la vecina maldicente y su hijo) quedan perfectamente retratados con un par de trazos.

niños

La narración funciona eficazmente, pese a algunos rasgos de primitivismo (saltos de eje, planos subjetivos demasiado obvios, composiciones forzadas y, en un momento dado, la inserción en el diálogo de un proverbio tradicional entrecomillado), y se articula con algunas imágenes especialmente llamativas:

  • Los encuentros de la “diosa” con sus clientes son mostrados siempre de forma diferente y no rutinaria: el avance discreto y acompasado de las dos figuras vistas en un plano general; un plano de detalle de los pies, primero detenidos y luego caminando al unísono; un plano picado que muestra a las figuras como fichas desde un punto próximo a un farol.
  • Cuando el viejo profesor del colegio al que la protagonista lleva a su hijo lee las cartas de denuncia de las madres de otros alumnos, una mosca se posa en su mano.
  • Un sutil travelling en retroceso acompaña el movimiento hacia la cámara de madre e hijo en el momento de mayor dramatismo del relato (cuando ella termina de leer una dolorosa carta): el dramatismo queda así multiplicado. Un recurso similar se utiliza en la escena posterior en la que la protagonista se enfrenta con el gangster que la “protege”.

Estos y otros momentos hacen de La diosa una película interesante por sí misma, más allá de su valor histórico o como curiosidad exótica.

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