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Lupe (José Rodríguez-Soltero, 1966)

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En el Diario de cine de Jonas Mekas hay una curiosa cita de Carlos Saura, que acudió al Festival de cine de Nueva York en 1966, y que es un buen resumen de algunos prejuicios sobre el cine experimental surgido de la contracultura americana: “La concepción de este tipo de cine es extremadamente amateur, elemental, y carente de la comprensión de lo que es el cine –como niños jugando con una cámara. Amphetamine es una película asquerosa. ¿Chumlum y Vivian? Los pintores deberían seguir siendo pintores en vez de hacer películas. Jerovi tiene pretensiones metafísicas y es vulgar. La ciudad de Nueva York me impactó por sus imágenes de violencia brutal, y sin embargo vosotros jugáis con lo superficial y el sinsentido. Hacer películas supone una responsabilidad mayor.”

Lupe, del cineasta José Rodríguez-Soltero, autor también de Jerovi, se ajusta perfectamente a la descripción de Saura: hecha con tan pocos medios como seriedad unilateral, no trata de documentar ninguna violencia sociológica ni de alumbrar metáforas políticas (aunque luego el cineasta haría Diálogos con el Che, que se proyectará próximamente en el cine Doré de Madrid); en este sentido, desde el punto de vista “moderno” de 1966, es tan superficial, irresponsable, anacrónica y vulgar como un cuento de Andersen (1), aunque leído en clave perversa.

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Como Susan Sontag escribió sobre Flaming creatures, en ella “no hay ideas, ni símbolos, ni comentarios, ni crítica de cosa alguna. Es el extremo opuesto al filme literario“; lejos también de la autoparodia, representa la “amalgama justa de lo exagerado, lo fantástico, lo apasionado y lo ingenuo”. La película supone un paseo musical por el “wild side”, y su apariencia es tan inocente como el famoso estribillo de Lou Reed: “doo doodoo, doodoo doodoo doo”. También aquí “he was a she”, y Mario Montez, la famosa estrella de Jack Smith y Andy Warhol, interpreta a Lupe Vélez como si fuera Callas en la Medea de Pasolini.

La estética de Rodríguez-Soltero, más allá del tópico del camp, se basa en la idea de la yuxtaposición radical que enunció Lautréamont: el choque entre la marginalidad y la gloria, entre el mal gusto y el arte, entre el sonido y la imagen.

Según Freud el inconsciente es infantil, así que un arte que aspire a engendrar verdaderos sueños y quimeras, y no de conformarse con malas imitaciones, no puede ser un arte adulto ni responsable; su violencia no puede ser un reflejo de la violencia psicológica o social sino de la que, en el subsuelo, convierte a los humanos en “criaturas llameantes”. La revolución que propugna Lupe no se refiere a la política convencional, sino a la relación entre la vida y el arte, o el artificio: según Sontag, “percibir lo camp en los objetos y las personas es comprender el-ser-como-representar-un -papel”.

La película transmite perfectamente la idea de libertad absoluta en la elección del papel. No estamos condicionados por nada y somos los únicos responsables de lo que somos. Nuestras elecciones son más decisivas que cualquier condición de partida. Igual que Warhol, un hijo de emigrantes de clase media de Pittsburgh, quiso ser tan famoso como la Reina de Inglaterra (y lo logró), un varón sinuoso puede convertirse en una diva mexicana de los años finales del cine mudo, y un emigrante portorriqueño sin medios puede hacer en los 60 una película sobre ella con la felicidad de un niño, mezclando todos los estilos musicales, escenas documentales con arias sin palabras, superponiendo imágenes que giran, colores delirantes, máscaras que no ocultan ningún rostro más verdadero.

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Ahora que la teoría queer se ha institucionalizado y convertido en uno de los centros de irradiación del “arte contemporáneo”, Rodríguez-Soltero se nos aparece como una especie de artista prehistórico, aún demasiado olvidado porque se adelantó unos años al momento en que estos motivos, así como la estética camp, dejaron de ser contracultura para integrarse en la Cultura; aunque ya hace algún tiempo (23 de marzo) de la proyección de esta película tan excesiva en Cineinfinito, no quería dejar pasar la ocasión de volver sobre ella.


(1) Hay que recordar que Andy Warhol trabajó en sus últimos años en una serie gráfica sobre Andersen, y que antes, en 1966, la Factory produjo una versión de Match Girl dirigida por Andrew Meyer, con Vivian Kurz en el papel principal (protagonista también de Vivian, de Bruce Conner, que tan poco le agradó a Saura), acompañada del propio Warhol y Gerard Malanga.

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Las citas de Susan Sontag provienen de Contra la interpretación. Random House Mondadori. Barcelona, 2007. Las imágenes proceden de: cineinfinito.org / pdome.org / revolverwarholgallery.com

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