Archivo de la etiqueta: Jeff Nichols

Siguiendo a un perro llamado Trouble

Aguas pantanosas (Jean Renoir, 1941)

water

Primera película del exilio americano de Renoir (y, después de la reciente revisión en el gran ciclo que le ha dedicado la Filmoteca de Cantabria, mi preferida de esa etapa del cineasta), Aguas pantanosas pertenece al género fundado por Robinson Crusoe, que tantea la realización práctica de las ideas de Rousseau: narra una historia de exilio en la naturaleza (en este caso en los marjales cenagosos de Okefenokee, situados en la frontera de Georgia y Florida), protagonizada por un fugitivo de la corruptora sociedad humana (en este caso una pequeña comunidad de cazadores que vive en los bordes del pantanal).

titulo

Al inicio acompañamos a un grupo de hombres del poblado, que buscan a unos exploradores que se habían adentrado en el humedal: la primera imagen muestra una cruz y una calavera, símbolo del temor supersticioso que la gran ciénaga desconocida despierta en los hombres civilizados. La cámara omnisciente va aislando a los protagonistas: en primer lugar Ben (Dana Andrews), el joven ingenuo que no conoce el miedo:

dana-2

… y poco después una sombra que repta en la orilla (que después identificaremos como la del robinsón Tom Keefer, interpretado por Walter Brennan):

brennan

Esa sombra queda enmarcada entre la de otras dos criaturas, con las que el relato propone la comparación implícita: primero un caimán que se adentra pesadamente en las aguas, y luego un delicado ciervo que se acerca a beber (este último sólo es visto por el personaje de Dana Andrews, que también será el único que, en su pureza, accederá a conocer la verdadera naturaleza del fugitivo y, a través de su guía, del lugar salvaje en el que habita).

caiman

Los animales tienen mucha importancia en esta película: hasta el punto de que su relación con ellos expresa la ética de las personas. Ben se arriega a volver al pantano sólo para buscar a su perro perdido, que atiende al transparente nombre de Trouble. Justo antes de partir, y tras una agria discusión con su padre (Walter Huston), el personaje se detiene en la tienda del poblado para aprovisionarse. Descubierta la nueva camada de una gata, los hermandos Dorson, dos matones del pueblo, acuerdan con los dueños que se desharán de ella a cambio de una botella de whisky; en ese momento aparece Julie (una juvenil Anne Baxter, nunca más bella que aquí), una especie de salvaje en medio de la comunidad que trata de salvar (infructuosamente) a uno de los gatitos, y este acto despierta la silenciosa simpatía de Ben.

gatito

La larva de la injusticia que fuerza al hombre justo a abandonar la sociedad anida en el núcleo mismo de esta: la familia. Así se nos presenta en la conflictiva relación de Ben con su padre (hasta el punto de que Tom Keefer se convierte para él en un nuevo padre simbólico, pasado el momento inicial de confrontación; esta relación lo acerca a Julie, que es en realidad la hija de Tom y el único vínculo que a este le resta con la sociedad de los hombres). El padre de Ben es un hombre rudo y dictatorial, que además se muestra extremadamente celoso de la más preciosa de sus posesiones: miss Hannah, una mujer mucho más joven que él, con la que se casó tras la muerte de la madre de Ben. Estos antecedentes se explican rápidamente en una escena que precede a la primera bronca entre padre e hijo, la cual adquiere así una connotación edípica -si interpretamos que la sucesión cronológica insinúa una relación causa-efecto que la película renuncia a enunciar con mayor claridad. En todo caso, y ateniéndonos a lo que esta muestra realmente, la atracción prohibida entre Ben y miss Hannah está más en la imaginación del padre que en la realidad; para dar un soporte real a sus celos, el papel del seductor (con tan pocos escrúpulos como éxito) lo encarna un personaje secundario al que interpreta John Carradine.

hannah

La complejidad de la relación entre padre e hijo se resume en la escena del retorno inesperado de Ben desde Okefenokee: cuando ve llegar a su padre, se esconde de acuerdo con miss Hannah, con la intención de darle una sorpresa; el personaje de Walter Huston regresa cojeando, maltrecho física y moralmente, pero su rostro se ilumina cuando ve accidentalmente el cuerno de caza de Ben. Un instante después este se hace presente, pero su padre ya es capaz de ocultar su alegría y sólo encuentra reproches para su desobediencia -de modo que Ben, tras la breve discusión, se decide a dejar la casa paterna e independizarse: todo esto tarda más en contarse que en verse (la escena dura unos segundos).

father

father-2

La crítica ha subrayado el aire de familia de Aguas pantanosas con el cine de John Ford, pero me parece más interesante la comparación con una película reciente: Mud, de Jeff Nichols (sobre la que escribí en este blog en diciembre de 2013), que transcurre también en un entorno fangoso -tanto en la vertiente paisajística como en la de las relaciones familiares. Parece como si Nichols se hubiera inspirado, consciente o inconscientemente, en la película de Renoir, pero decidiendo hacer más jóvenes a todos los protagonistas para resaltar su inmadurez, su búsqueda incesante (Mud es el equivalente de Tom, mientras que el adolescente Ellis lo es de Ben). La película de Renoir es mucho más rápida y compleja: narra más acontecimientos, y en menos tiempo. A cambio, Mud se permite una mayor calma en la descripción de los lugares, y también del proceso de fascinación del muchacho ingenuo por el náufrago de la sociedad.

mud

Los cambios de gusto asociados al paso del tiempo se hacen palpables en el diferente tratamiento del motivo de la mordedura de las serpientes: la milagrosa curación del personaje de Walter Brennan resulta ingenua y pasada de rosca para nuestros estándares actuales; mientras que Jeff Nichols ofrece un planteamiento más sutil, al no mostrarnos nada: sólo somos testigos, junto con los muchachos, del relato de Mud de que ha sobrevivido al veneno de la serpiente; puede ser verdad, o sólo un relato.

Captura de pantalla 2014-10-12 a las 12.01.52

Pero hay cosas que no cambian tan fácilmente con el tiempo: Mud insiste en la visión patriarcal, tan característica del cine americano, de recelo hacia la mujer, de temor hacia su inconstancia –recelo y temor que aparecen justificados narrativamente por el comportamiento de los dos únicos personajes femeninos (Juniper y la madre de Ellis). Según esta visión, el exilio del robinsón sería una huida no sólo de la persecución de las familias mafiosas, sino también del matriarcado norteamericano. Aguas pantanosas incluye esta visión, pero va más allá de ella: como es típico en Renoir, el protagonista se sitúa entre tres mujeres; la visión negativa la encarna el personaje de Mabel (Virginia Gilmore), una perspicaz manipuladora que intenta dominar a Ben, en contraste con la ingenuidad de la entrega de Julie; junto a esta, inclinando la balanza, destaca como ejemplo de honestidad e inteligencia frente al atolondramiento de los hombres el personaje de Miss Hannah (la madre adoptiva de Ben).

con mabel

julie

No trato aquí de comparar el cine clásico con el moderno: como cualquier obra lograda, estas películas sólo se representan a sí mismas; tampoco de decidir cuál es “mejor” (la comparación con Renoir dejaría mal parados a casi todos los cineastas); ni desde luego de acusar de plagio a nadie.

Quizá el parecido razonable, que va más allá de los detalles y que reside ante todo en esa combinación (que comparten las dos películas) de detallismo presencial en la descripción de un entorno bien concreto y de universalidad en la narración, como un cuento tradicional para todos los públicos, explique por qué la película de Nichols ha encandilado a muchos cinéfilos que añoran los años del cine clásico, antes de que se produjera la ruptura entre el cine comercial y el alternativo.

Fuentes de las imágenes:
– dvdbeaver.com
– blu-ray.com
– mundodvd.com
http://anotheroldmovieblog.blogspot.com

Anuncios

Puntos de vista

El sábado pasado visitamos en Bilbao una exposición dedicada al colectivo Guerrilla Girls (sobre el que podéis encontrar más información en: http://www.guerrillagirls.com; y sobre la exposición en: http://www.alhondigabilbao.com). Después vimos, en la filmoteca de Santander, Mud (película escrita y dirigida por Jeff Nichols en 2012, una de las más premiadas y alabadas del año). Este comentario nace de la confluencia de ambas experiencias.

half the picture

Las Guerrilla Girls son un grupo de artistas anónimas que se unieron en Nueva York en 1985 para, a través de pintadas y carteles, denunciar que, pese a todos los discursos igualitarios, la realidad de la dominación masculina y blanca continúa vigente en el mundo del arte, en Estados Unidos y aún más en Europa.

Confieso que el activismo y el arte comprometido no son mi género preferido, pero las “intervenciones” de estas mujeres divierten al tiempo que nos enfrentan con algunas evidencias incómodas. En contraste con las variedades lloriqueantes o rencorosas de la denuncia, ellas utilizan como arma la ironía (un recurso que asociamos más con la clase dominante que con los oprimidos). Aunque el grupo original se escindió en tres en el año 2000, y sus nuevos avatares están algo en entredicho por su deriva comercial, los blancos a los que apuntan siguen vigentes.

fascinacion

Vista en este contexto, Mud es una película que pone en escena un imaginario masculino: narra la fascinación de un adolescente por un héroe al margen de la ley que, a lo largo de la trama, se revela como un ser detenido en la adolescencia. Simétricamente, el adolescente da sus primeros pasos como héroe.

En el mundo que refleja la película, un niño se convierte en hombre cuando se da cuenta de que la dureza de la vida reclama que llegue a ser un héroe.

¿Qué es un héroe? En el mundo que refleja la película, es un hombre que sabe distinguir lo justo de lo injusto (más allá de la ceguera abstracta de la ley), y que es capaz de administrar la justicia por su propia mano.

El héroe es casi autosuficiente (aunque a veces necesite un poco de ayuda, que él sabe cómo ganarse) y vive en comunión con la naturaleza, al margen de la sociedad, de su corrupción y sus leyes: unas leyes y un orden que hacen desaparecer las viviendas flotantes sobre el río, que se alían con los cazadores de recompensas peores que Belcebú, que alejan a los padres de sus hijos cuando llega el divorcio.

¿Qué papel juegan las mujeres en la vida de un héroe? Son objetos de fascinación a los que sólo se puede mirar desde fuera, pero que, como un tatuaje indeleble, nunca te abandonan: rubias e incomprensibles, bellas y libres como los pájaros que vuelan sobre el río.

El primer enamoramiento va unido a la mordedura (ya sea real o legendaria) de la serpiente, que supone la expulsión del Edén de la infancia. Esta expulsión simbólica se superpone, en la película, al abandono de la vida en la naturaleza, de la casa sobre el río.

La enseñanza que parece transmitir Mud es que un padre heroico, real o simbólico, siempre es preferible a una mujer: él nunca te dejará tirado cuando realmente lo necesites. Las mujeres pretenden ser tratadas como princesas, cambian de idea con la misma facilidad que de novio, quieren hablar en vez de afrontar lo inevitable: que no aman vivir en una casa flotante sobre el río sino que prefieren un chalet en una urbanización próxima al Walmart. El drama es que el héroe no puede renunciar a la mujer, a la idea del amor absoluto con la que intenta llenar el vacío de amor que sintió en su adolescencia.

Como decía Nietzsche, “amamos la vida, no porque estemos habituados a vivir, sino porque estamos habituados a amar”.

Jeff Nichols

Jeff Nichols

Mud arranca con un encanto novelesco propio de tiempos pasados, pero su desarrollo malogra parte de sus sugerencias: teje demasiados hilos, y al mismo tiempo demasiado pocos. Curiosamente, para transcurrir en el sur de Estados Unidos, no aparece ningún negro. Quienes comparan la película con Huckleberry Finn olvidan el hecho de que aquí no hay ningún Jim. Este es un mundo de hombres blancos, en el que sólo hay lugar para referencias legendarias a las tradiciones de los Cherokee.

Al margen de las cuestiones de género y raza (que podrían ser anecdóticas si la película estuviera lograda), el problema es que la figura de Mud carece finalmente de ambigüedad: a diferencia de John Silver en La isla del tesoro, de Jeremy Fox en Los contrabandistas de Moonfleet, el personaje desborda positividad. Sus rasgos negativos no menguan su estatura heroica; sus flaquezas (la impulsividad, la violencia, la predisposición a contar la leyenda cuando es más bella que la realidad) no lo ponen en cuestión, sino que aumentan su capacidad de fascinación.

Si se objeta que la película está narrada desde el punto de vista de un muchacho adolescente, hay que recordar que esto no es estrictamente así: cuando al narrador le interesa, no se resiste a distanciarse del punto de vista de Ellis para mostrarnos el encuentro de Mud y Tom en la isla, la llegada al motel del personaje de King (Ellis sigue el consejo de Mud y no se acerca a él), o el desenlace que mantiene viva la leyenda del héroe.

La película refleja la idealización romántica con que los hombres miran a las mujeres, pero lo hace de forma sentimental e idealizada: ya que renuncia a mostrar el daño que les produce a ellas esa mirada (1). Aquí quien golpea a Juniper no es Mud, sino otros hombres. De esa forma, parece que es la mujer la que no está a la altura de la visión ideal que el hombre tiene de ella: la película asume el punto de vista del hombre sin ninguna ambigüedad ni autocrítica; cuenta una leyenda dirigida a hombres, que acaso la encuentren más bella que la realidad.

Al final tenemos la sensación de que hemos visto sólo una mitad del cuadro. Ante el éxito y la masiva aceptación de la película entre los círculos de amantes del cine (no se trata de una película comercial en el sentido más mayoritario del término), no podemos evitar acordamos de las Guerrilla Girls.
wrong bathroom

Esto nos lleva a importantes problemas: ¿quién decide qué películas se pueden hacer, y cuáles pueden verse? (me refiero a la decisión de que tengan la opción de llegar a su público potencial). Esta pregunta está englobada en otra más amplia que, implícitamente, plantean las Guerrilla Girls: ¿quiénes deciden lo que es arte y lo que no lo es?

Su lucha no sólo afecta a la justicia social y la igualdad de oportunidades, sino que trata de ampliar el campo de visión, dar entrada a otros puntos de vista -que necesitan de nosotros tanto como nosotros, los espectadores, necesitamos de ellos. Sólo hubo una Emily Dickinson: la creatividad necesita ser vista y apreciada para convertirse en acto, como las plantas necesitan tierra, agua y luz. Que exista o no una combinación adecuada de estos elementos, y no otro tipo de predestinación o don intrínseco, es lo que determina la existencia del bosque o del desierto.

Nuestros gustos no son inocentes. ¿Podemos imaginar una película parcialmente fallida como es, a mi juicio, Mud, que tuviera un punto de vista femenino unilateral? ¿No sería ridiculizada con superioridad por los críticos, no se hablaría de sensiblería o resentimiento, en lugar de autenticidad o poesía?

No pienso que exista una conspiración mundial de productores y críticos, de comisarios y galeristas, pero sí que el número de personas que tienen capacidad de decisión en estos ámbitos es muy inferior al de sus potenciales espectadores. Hoy que está en el orden del día quejarse de lo alejados de la realidad que están nuestros representantes políticos, deberíamos reflexionar sobre la hipótesis de que nuestra sociedad, abierta en otros campos, esté delegando en estos intermediarios un poder excesivo.


Notas

1 No se trata de ser feminista. Hitchcock no tenía nada de feminista pero, como dice Paulino Viota, su enfoque de la cuestión en películas como Vértigo o Marnie resulta mucho más honesto y ajustado.

Procedencia de las imágenes: http://www.guerrillagirls.com / imdb.com