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En una ciudad llamada Liberty

Tierra de audaces –Jesse James (Henry King, 1939)

jesse james preve su muerte

Vista superficialmente, Jesse James es una película superficial: se trata de una fantasía histórica que no solo omite datos de contexto muy relevantes sino que utiliza de forma simplista a los hermanos James como meros avatares míticos del héroe romántico enfrentado a la injusticia. Y sin embargo, la película da en la diana en algo más importante que el realismo a toda costa, que la “profundidad” histórica o ideológica, y ofrece una caracterización perfecta del protagonista, que pertenece a esa clase de hombres de la estirpe de Heathcliff y Byron que Nietzsche definía como “hombres de instantes, hombres entusiasmados, sensuales, pueriles, hombres inconsiderados y súbitos en la desconfianza y en la confianza; en cuyas almas se disimula de ordinario una grieta; que a menudo se vengan con sus obras de un ensuciamiento interno; que a menudo buscan con sus vuelos olvidarse de una memoria demasiado fiel, que a menudo se extravían en el fango y casi se enamoran de él, hasta volverse iguales a fuegos fatuos que vagan en torno a los pantanos y simulan ser estrellas” (1).

La película pertenece al periodo “Sturm und Drang” de Hollywood, antes de que la 2ª Guerra Mundial y en especial la Guerra Fría impusieran poco a poco un nuevo orden: los héroes son los bandidos, mientras que el papel de los malos de la película corresponde a los grandes empresarios, banqueros y detectives; a quienes se sorprendan de esto habría que recordarles que todo el cine de propaganda soviético desciende de Griffith –la maravillosa A corner in wheat, de 1909 (2).

En el dorado technicolor de finales de los años 30 los paisajes de Missouri resplandecen como estampas, y las cabalgadas de los protagonistas están acompañadas por el canto de los pájaros. Eran tiempos más felices, al menos para el cine: tiempos en que el placer no estaba reñido con la ingenuidad, las emociones primarias, los fallos de montaje.

jesse james naif

La maestría de Henry King como director se hace evidente en la intensidad onírica de algunas escenas, conseguida con mínimos elementos: el asalto al ferrocarril, con la sombra de Jesse saltando sobre las ventanas iluminadas de la confortabilidad burguesa como una criatura nocturna cuya silueta se enreda con ramas y nubes; o la escena del juego en que los niños matan a Jesse James en la figura de su hijo –la detención del tempo (la quietud asociada a la representación de la muerte dura más de lo previsible en un niño de esa edad, inconsciente de la verdadera personalidad de su padre) crea una seriedad misteriosa que casi hace innecesaria la escena siguiente.

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También hay que contar entre los méritos de King la convicción que desprende aquí Tyrone Power, un actor de recursos limitados –todo lo contrario que los también excelentes Henry Fonda, que interpreta a su hermano Frank, y Randolph Scott, el caballeroso marshal Will Wright; y especialmente por cómo controla y maneja las miradas de los actores, que dicen mucho más que todas las palabras. En este aspecto, Henry King está a la altura de John Ford: basta ver la escena del primer encuentro entre Jesse James y Will Wright en la casa de Zee (Nancy Kelly), que define sin necesidad de más explicaciones el triángulo entre los personajes –de modo que los espectadores lo descubrimos al mismo tiempo que el protagonista:

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… la intensidad casi dolorosa de los primeros planos de Zee cuando acaba de dar a luz y se enfrenta a un futuro que ya había previsto pero que soñaba poder corregir:

jesse james mujer y niño

… el contraste entre la alegría inconsciente del protagonista cuando habla con el negro Pinkie (Ernest Whitman) sobre el nacimiento del pequeño Jesse, y su mirada huidiza y culpable justo después, cuando rodea a su caballo a la orilla de un remanso de azul intenso, y resuelve dejar de seguir a su mujer y el niño:

jesse james remanso

… o el diálogo entre Zee y Will que precede a la reconciliación de la pareja protagonista –en la que los ojos de ella, escindida entre el amor romántico y la norma burguesa, se decantan por el hombre ausente en lugar del que está a su lado.

jesse james miradas

Vista en la filmoteca de Cantabria el 31 de agosto


(1) F. Nietzsche: Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial. Madrid, 1972

(2) Puede verse en: https://www.youtube.com/watch?v=WHLfjB7dSyc

Fuentes de las imágenes: lostintheframe.blogspot.com / cineultramundo.blogspot.com / theendfarwest.blogspot.com / dvdclassik.com