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Caballos y hombres

Wagon master (John Ford, 1950)

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El éxito masivo parece incompatible con la modestia de una película como Wagon master, rodada en poco tiempo, sin estrellas en el reparto, y que elude cualidades como la complejidad, la perfeccion formal y la sorpresa narrativa: una vez planteados los principales conflictos, todo se resuelve con una facilidad que puede decepcionar a los espectadores resabiados de hoy. Y sin embargo, o quizá por eso mismo, pocas películas transmiten una sensación de placer primitivo como esta: las canciones y los bailes que conforman la estructura del relato, el paisaje de las riberas del Colorado en el sur de Utah, en las tierras rojizas de Moab (aquí retratado en austero blanco y negro), los grandes ojos de apariencia bondadosa de los caballos y el sonido de sus cascos, la expresividad de los rostros de los humanos, movidos por emociones simples (la alegría, el temor, el ansia de dominio), adquieren una relevancia poética mayor que en otras películas más elaboradas de Ford, acaso porque no encontraremos aquí un gran reclamo argumental, apenas ninguna incitación a salir del cine discurseando sobre la leyenda y la verdad, o sobre conflictos de raza, ética o posición social.

wagon master perro

La única profundidad explícita de Wagon master está en los ojos de los caballos; es como el puro esqueleto del cine de John Ford, sin ningún adorno añadido: música, luz, movimiento, y la voluntad de mirar, de escuchar con atención a todos los seres humanos para descubrir cuál es su verdad, al margen de prejuicios y primeras impresiones.

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Esto no quiere decir que la película sea una tontería en cuanto a su contenido; al contrario, es admirable la sutileza de claroscuros con que están retratados, en apenas cuatro trazos, cada uno de los personajes. Travis Blue (Ben Johnson) no es un héroe idealizado; junto a su generosidad y valentía se nos muestra su faceta de pícaro timador (1) –hasta convertirlo en contrafigura del falso pero muy digno doctor Locksley Hall (Alan Mowbray), que terminará haciendo suya la nobleza de su máscara de actor. Entre la caravana de mormones, Elder Wiggs (Ward Bond) aparece caracterizado por sus divertidos arranques de ira, aderezados con maldiciones poco ortodoxas para un seguidor de Joseph Smith: “Hell is geography” exclama como disculpa ante la mirada estricta y reprobatoria del callado pero no por ello menos expresivo Adam Perkins (Russell Simpson), cuya gravedad infantil también tiene un lado oscuro, que se muestra a través de su intolerancia hacia el doctor y su compañía, a los que encuentran borrachos porque se han visto obligados a beber, en ausencia de agua, su propia medicina: el elixir milagroso que promocionan con sus actuaciones.

Travis se incorpora y accede a su estatura de héroe al rescatar a estos “náufragos” de la travesía del desierto, ayudado por Wiggs –que evita el enfrentamiento recordando a los mormones que, según sus propias creencias, todo lo que ocurre es designio divino; pero antes Ford ha dejado claro que la ética de Travis y Wiggs encuentra apoyo en su atracción por las mujeres de la compañía.

El plano en que se resuelve la escena es admirable, con un movimiento de ida y vuelta que acompaña el gesto enérgico de Wiggs (que se interpone y evita con gran habilidad el enfrentamiento interno), lleno de impulso musical y aire improvisatorio:

La película, como casi todas las de Ford, muestra el daño que produce la endogamia, el núcleo impermeable, la ilusión de la autosuficiencia; tan náufragos como la comitiva del doctor Locksley Hall, resultan los mormones, rechazados también ellos por la sociedad de Crystal City, y la familia de los Cleggs como resultado de la herida que sufre su patriarca –y, leyendo entre líneas, los propios indios navajos, cuyos portavoces comentan que los blancos son todos unos ladrones (empezando por Travis, que los estafó con unos caballos), pero que los mormones son un poco más de fiar que el resto. La escena del baile en el campamento indio expresa con más claridad que mil estudios sociológicos el choque cultural y la desconfianza frente al “otro”.

We move around”, dice Denver (una mujer que se llama como una ciudad, interpretada por Joanne Dru), y tal es el destino de todos los personajes. El western, y en especial películas como esta, nos recuerdan que hubo un tiempo en que los humanos eran esencialmente nómadas. En el camino no hay tiempo que perder: un hombre que ha conocido a una mujer de la que debe separarse al cabo de dos o tres jornadas, cuando el grupo alcanza el camino de California, tiene que apresurarse a decirle que le gustaría vivir con ella un día, cuando logre asentarse en un valle, en un pequeño rancho. Ella, después de devorarlo con la mirada, sonreirá más sorprendida que halagada y creerá escuchar (o quizá sea él quien la escuche, o tal vez solo los espectadores que asistimos indiscretamente a un momento tan íntimo) los acordes de Red River Valley, una de las canciones favoritas de Ford –la que Tom Joad (Henry Fonda) le cantaba a su madre (Jane Darwell) mientras bailaba con ella en Las uvas de la ira.

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La llegada al río San Juan en el desenlace está filmada como una escena bíblica, pero la película no termina ahí, sino que lo hace con una recapitulación musical –como si Ford hubiera querido que recordáramos que hay cosas más importantes que “el argumento” o “la historia”. Sin ingenuidad ni cinismo, Wagon master deja una sensación de aire libre, de felicidad siempre a punto de quebrarse: como una canción a dúo que ayuda a decidir el camino, o un potro de patas ligeras que cruza un río de aguas blancas.

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Vista en la Filmoteca de Cantabria el 17 de agosto de 2016


(1) En esta faceta de Travis hay un juego de palabras implícito, puesto que en inglés “horse  trader” tiene la connotación de hábil regateador. Por otra parte, y aunque no querría perderme copiando datos de enésima mano sobre las circunstancias del rodaje, que quizá influyeron en la predilección que tenía Ford por esta película, me gustaría subrayar que Ben Johnson interpreta en ella a un personaje que parece un trasunto de sí mismo: un tratante de caballos que se ve enfrentado de repente a un puesto de mayor responsabilidad (Wagon master en la ficción, y actor protagonista en la realidad).

Fuentes de las imágenes: coffeecoffeeandmorecoffee.com / silverscreenoasis.com / dailymotion.com / 21essays.blogspot.com / moviemorlocks.com / ganarseunacre.blogspot.com

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