Cuando desear todavía era útil

Deseo (Desire). Frank Borzage, 1936

Un americano que está de vacaciones en Europa se encuentra varias veces con una mujer que esconde un secreto. Trata de conquistarla, llamando su atención con estrategias tan sofisticadas como un claxon que no cesa de pitar. Por su naturaleza ingenua y directa, no concibe que ella pueda tener impulsos diferentes a los suyos. Resulta a la vez conmovedor y ridículo por su timidez y torpeza, propias de un adolescente, y la satisfacción que muestra ante su buena suerte. Confundiendo España y México, canta “Cielito lindo” para acompañar sus andanzas y sus progresos amatorios.

La película está construida sobre el contraste entre los dos personajes, que las estrellas protagonistas prolongan: él americano, ella europea. Son como una línea recta y una curva. Todo los diferencia. Desde la manera en que se relacionan con otras personas para obtener algo de ellas, hasta lo más superficial: cómo se mueven, cómo conducen, etc. Esto se nos muestra con admirable capacidad de síntesis, a mitad de camino entre la comedia slapstick, basada en la corporeidad, y la de tradición europea, centrada en los diálogos.

A medida que se suceden los cruces y desencuentros, va actuando la fuerza de atracción de los opuestos. Pasada la mitad de la película, ambos se comportan de forma idéntica por primera vez: se despiertan soñando el uno con el otro (en camas separadas por el código Hays). De repente, ella se desprende de su cinismo como de un vestido, o una capa de maquillaje. Y el soñador, al despertar de su inocencia, no perderá su idealismo; seguirá ejerciendo en el mundo real como caballero andante, capaz de liberar a la mujer de sus cómplices indeseables y las asechanzas de su pasado.

Reducido a su esquema de cuento de hadas, este relato sobre la fuerza redentora del amor parece más adecuado para Borzage que para Lubitsch (a quien asociamos más con las connotaciones sexuales del robo, sugeridas en una película tan estilizada como Trouble in Paradise). Pero, como diría Luc Moullet (1), si hay aquí un autor, este sería Gary Cooper -que repetirá el mismo esquema, con diversas variaciones, en los años sucesivos: Mr. Deeds Goes to Town, The Cowboy and the Lady, Meet John Doe, y Bola de fuego. Cooper suma aquí a su persona dramática el rasgo naíf, candoroso, engastado en su aleación personal de verdad primitiva y elegancia indescriptible. Más allá del entorno español, el personaje tiene algunos apuntes quijotescos (que el actor profundizará en Good Sam): así el momento en que aparece sobre una carreta de heno, o el hecho de que sea objeto de las burlas de unos nobles (en este caso, fingidos).

Un hombre así podría llegar a convertirse en un pelele en manos de Marlene Dietrich (como sus “maridos” franceses, Duvalle y Pauquet). No obstante Desire, con su ambientación española y su diseño de vestuario, parece una versión corregida de The Devil is a Woman, que devolviera a la diva al punto de partida: es decir, a Marruecos (que los americanos vieron antes que El ángel azul). Es decir, a su elección del amor verdadero frente a la vida fácil.

A estas alturas, puede parecer que no se trata de una elección fácil. Independiente y dueña de sí misma, ella es la antítesis de esas mujeres que cifran su objetivo vital en encontrar pareja. Es más, con sus cejas finísimas y sus vestidos de otro mundo, casi no parece humana. Si el guion presenta como centro de sus inquietudes cuál será la reacción del inocente al conocer su secreto, viendo la película parece más bien que ella duda sobre si debe mantenerse en su esfera de diosa lunar, o incorporarse al mundo de los humanos para acostarse otra vez con Gary Cooper. Ante un dilema así, carece de sentido el concepto moderno de spoiler; todo el mundo sabe cómo terminará todo, y ningún otro desenlace sería posible.


El título de la reseña proviene del inicio de un cuento de los hermanos Grimm, El rey sapo: «En otros tiempos, cuando desear todavía era útil». Peter Handke lo utilizó como título de uno de sus primeros libros.

(1) Luc Moullet: Política de los autores. Edición española en Athenaica ediciones, 2021.

10 comentarios en “Cuando desear todavía era útil

  1. jadsmpa79

    Aún siendo gran admirador de su cine, hay varios Borzage de esa época (mediados de los 30) que no me convencen en absoluto. Este es uno de ellos. Y la mezcla de arquetipos (femenino sofisticado y masculino cándido) es mera y gastada fórmula, que a estas alturas solo se entiende desde la mitomanía.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Te agradezo el comentario, ya que siempre está bien tener otros puntos de vista. Estoy de acuerdo en que la obra de Borzage es irregular, y no solo a nivel de trayectoria, sino incluso en el seno de una misma película (como tuvimos ocasión de comentar, si mal no recuerdo, a propósito de «Liliom»). Él era un romántico, y estaba condenado a encajar con dificultad en el pragmatismo y las convenciones de Hollywood. En «Desire» estas convenciones están muy presentes, en particular en el moralismo del desenlace; pero, a la vista de sus logros, el balance es para mí muy positivo.

      Creo que en esta apreciación no interviene la mitomanía en torno a las estrellas, que me resulta bastante ajena; quizá no podría decir lo mismo sobre el mito del director. Tanto él como los intérpretes son responsables de que la inversión de roles tenga tanto encanto y funcione con tanta precisión y ternura.

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      1. jadsmpa79

        Claro que no se te puede atribuir la mitomanía; eso hay que buscarlo en otras taquillas. Que conste que tampoco tengo nada contra ella, siempre que no degenere en papanatismo. Dicho esto, hay convenciones que, al cabo del tiempo, me siguen funcionando mientras otras, como la apuntada, me resultan trasnochadas y fatigosas. Ello no impide (llevas razón) que grandes directores logren trascenderlas a golpe de inspiración. Es lo que precisamente diferencia a Borzage de docenas de directores norteamericanos. Solo un grande puede sacar petróleo de historias de aluvión como «Stranded» o «His Butler’s Sister». Pero sigo pensando que entre «Little Man, What Now?» y «Green Light» hay un pequeño bache, remontado al final de la década. Estamos hablando, ¿hace falta decirlo?, de una las mejores filmografías del cine estadounidense.

      2. elpastordelapolvorosa Autor

        La relación entre un hombre débil (en algún sentido) y una mujer fuerte puede ser una convención dramática, pero también forma parte de la «vida real». Pienso que Gary Cooper encarnó este arquetipo de manera ejemplar (junto a otros como Don Juan, el héroe solitario, etc.), actualizando con naturalidad y delicadeza el modelo de algunos grandes cómicos del cine mudo (Harry Langdon, Buster Keaton), y también galanes románticos (Charles Farrell viene inmediatamente a la cabeza tratándose de Borzage).

        Dietrich es la que encaja con mayor dificultad, y no solo en el cine de Borzage, sino en todo el posterior a su ciclo con Sternberg y a la implantación del código Hays. Quizá solo Lubitsch («Angel») y Lang («Rancho Notorius») consiguieron hacer de ella una mujer real, y no una fantasmagoría.

  2. Rodrigo Dueñas

    La primera vez que la vi me decepcionó pues, al compararla continuamente con Lubitsch, me pareció un Lubitsch no logrado.
    Cuantas más veces la retomo, más me agrada, y entusiasma. Ahora la veo como una obra de Borzage, que éste hace a partir de un material creado por Lubitsch. Y, ciertamente, el comienzo (las escenas en París), por su ingenio, humor y precisión, es puro Lubitsch (aunque su timing sea más pausado), pero a medida que transcurre «Desire» y la protagonista, al enamorarse, cambia, y quiere cambiar de vida, a la vez, sin que nos demos cuenta, cambia el tono de la película, que ha hecho ya suya Borzage.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Hay que recordar que los protagonistas (o sus vehículos) tienen ya un primer encontronazo antes de salir de París. Los sucesivos cruces de ambos, el encadenamiento de motivos e impulsos que los llevan a separarse y volver a reunirse sin cesar, dan la impresión de ser algo más que accidentes. André Breton definía el azar con una cita de Engels: «una forma de manifestación de la necesidad exterior que se abre camino en el inconsciente humano». Pienso que Borzage habría suscrito esta concepción del azar objetivo, que late en muchas de sus películas.

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  3. Jesús Cortés

    Ya que es del mismo año y tiene parecidos problemas – inconcreta en el tono, bellezas alternadas con convenciones, un guión híbrido que parte, se desarrolla y vuelve al mismo sitio, un casting más pensado teórica que prácticamente -, es ilustrativo mirar a propósito de «Desire» un Hawks-Wyler como «Come and get it».

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Gracias por la pista. «Come and Get it» la vi hace muchísimo tiempo, y casi no recuerdo nada de ella: solo la sensación de una película prometedora al principio que terminaba decepcionando. Lubitsch y Borzage aún tienen puntos en común, pero cuesta pensar en dos directores más distintos que Wyler y Hawks.

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  4. Jesús Cortés

    Vienen de dos «ramas» distintas a pesar de sus puntos en común, llamativos pero pocos. Borzage parte de Thomas H. Ince y luego, como Browning o King, mayormente de Griffith. Lubitsch solo recibió influencia de Griffith desde 1919 en adelante, pero se formó con Max Reinhardt. Es importante que mientras que para Borzage, lo aprendido de Griffith o Ince procedía de films de dos bobinas, Lubitsch solo se fijó en el maestro a partir de la época en que debía resolver problemas surgidos en la composición de largometrajes.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Y, aunque es más evidente, ambos alcanzan la definitiva madurez de sus respectivos estilos tras el contacto con la obra de Chaplin (Lubitsch), y Murnau (Borzage): dos de las ramas principales, junto a la de Stroheim, nacidas del tronco de Griffith.

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