¿Qué es ser actor?

Con usted todo parece fácil. Solo no valgo nada. Como el cero, que solo cuenta al lado de los demás números. No hay nada más triste que un cura. ¿Qué es su vida, sino ver a Dios humillado? Se ríen de mí. Soy como esos muros donde se escriben obscenidades.

Esto le dice el padre Donissan al deán Menou-Segrais nada más empezar la película (Sous le soleil de Satan, dirigida por Maurice Pialat). Esto le dice Gérard Depardieu a Maurice Pialat nada más empezar la película. El deán tonsura al sacerdote (es como el último detalle que el actor precisa para convertirse cabalmente en el personaje), y las palabras se escuchan acompañadas del chasquido de la navaja que rasura la coronilla de Donissan/Depardieu: un sonido que recuerda al que hace la pluma en el papel cuando este escribe sus apuntes de diario.

Se juega aquí un evidente desplazamiento entre personaje y actor.

En una escena un poco posterior, Depardieu (en cuyo apellido se esconde Dios) acude a la estancia del deán Pialat en busca de consejo. Este le dice entonces:

Su sumisión es conmovedora. Le he debido parecer brutal. Lo seré aún más. Acaba de volver a ponerse en mis manos. ¿En manos de quién? ¿Lo sabe?

Bien, se lo voy a decir: en las manos de un hombre al que usted no estima. La vida que llevo aquí en la parroquia parece la de un burgués acomodado. Mi ociosidad le avergüenza, reconózcalo. Sabe que los necios alaban mi experiencia, que a su entender es estéril y sin provecho para nadie. (…)

Hijo mío, su opinión sobre mí es bastante justa, en conjunto. Salvo en una cosa: me juzgo más severamente de lo que piensa. Yo no he logrado nada en mi vida. Usted es muy diferente. Me ha dado la vuelta, como a un guante. Tuve el sueño iluso de acoger a un joven cura ignorante, sin las cualidades que tanto envidio, y quise formarlo lo mejor posible. Estaba asumiendo una dura tarea. Pero es usted el que me formaba. Le necesito.

No han sabido reconocer en usted el don más preciado. Nunca ven nada. Es Dios quien nos llama. El espíritu de la fortaleza está en usted. Si otro lo hubiese visto tan claro, no se atrevería a hablarle como lo he hecho yo. La prudencia no es más que una trampa. La verdad se impone. La santidad. Sé que le hago daño al decírselo. Sabe lo que es… una vocación, una llamada. Tendrá que ascender a donde Dios le llama, o perderse. No espere ayuda humana. Al dudar del designio de Dios, se estaba usted perdiendo. Yo le devuelvo a su camino. Le entrego a quienes le esperan. Será usted su presa. Que el señor le bendiga.

Pialat radicaliza, en un cierto sentido, el método de Bresson, al utilizar a actores (incluso estrellas) en lugar de modelos. En cualquier caso, el método no difiere esencialmente: los actores dicen a toda velocidad sus frases llenas de riqueza literaria y conceptual, creando la sensación de que algo importante se nos escapa sin cesar, como una especie de música que habría que escuchar varias veces para poder asimilar mínimamente.

La aproximación al texto es la misma que en Bresson (o en Straub); no se trata de facilitar su comprensión, sino, al contrario, dejar intacta su radical extrañeza. Ningún prolegómeno, transición o pausa para asimilar: todo sucede de improviso, incluso las contradicciones, irrevocablemente. La herejía de Pialat consiste en asumir un papel que se asemeja al del diablo más que al de un demiurgo; el acabado de su película está más próximo a la apariencia improvisada del cine de Cassavetes que al rigor formal y la estilización extrema de aquellos autores -que también fueron inspirados por la lectura de Bernanos.

«Hacer la revolución es también volver a poner en su sitio cosas muy antiguas, pero olvidadas.»

(Charles Peguy. citado en Chronik der Anna Magdalena Bach, 1968)

4 comentarios en “¿Qué es ser actor?

  1. Rodrigo Dueñas

    Muy bien explicado este método (el recurso continuo a frases densas dichas tan rápidamente que no nos da tiempo a asimilar) que provoca confusión y desasosiego. Si hasta ahora tenía reticencias hacia la película, ahora la encuadro entre las muchas grandes obras de Pialat.
    Depardieu, su personaje, la película… se desajustan, se salen de sí. Por momentos no comprendo nada de cuanto acontece o dudo si debo creer lo que veo. Es estar en un mundo seco, extraño, difícilmente comprensible.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      La película trata sobre lo abismal y lo incomprensible, y lo hace sin trampas ni consuelos fáciles. Pialat se desdobla, en cierto sentido, en Satán: él también arrastra a Depardieu para zaherirlo, besarlo, hacerle caer.

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  2. jadsmpa79

    Para mí «Le journal d’un curé de campagne», libro y película, rayan a la misma gran altura. «Mouchette» es una obra maestra absoluta. En el caso de «Sous le soleil» prefiero el filme de Pialat, no así la versión cinematográfica de «Le dialogue des Carmélites» respecto al texto. Las dos aproximaciones tardías de Straub son de otro planeta. La de Pialat pertenece a este mundo, con todo lo que ello implica.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Gracias por el completo repaso. De la versión fílmica de «Le dialogue des Carmélites» solo conozco algunos fragmentos que pude ver en un curso de Paulino Viota y mi impresión es que es una película muy académica; todo lo contrario del estilo de Bernanos, a tenor de lo que se desprende de todas estas adaptaciones (y en especial las de Straub, las más pegadas al «texto»).

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