En Santa Fe

Nunal sa Tubig (Ishmael Bernal, 1976)

Esta es una película que parece venida de otro planeta: se podría describir a Ishmael Bernal como un primitivo desplazado en una máquina del tiempo hasta los años 70 para ensayar una narración elíptica y abierta. Sin relación alguna con la artesanía exótica o el realismo mágico dirigido a turistas occidentales, esta película transmite visceralmente la fe del cineasta en lo que filma -con la libertad que da no temer al ridículo y la fraternidad de quien nunca se coloca por encima de nadie.

Nunal sa Tubig transcurre en Santa Fe, una comunidad pobre de pescadores, y se centra en unas pocas familias que entrelazan sus vidas. Los principales personajes son Jamin, el joven propietario de la única barca con motor y su madre bordadora; una chica, Chedeng, que estudia para comadrona en la ciudad situada al otro lado del lago y su madre que cuece preparados abortivos; y otra chica, María, apenas salida de la adolescencia, que forma parte de una familia más amplia que vive de la pesquería en el lago de aguas envenenadas.

Quizá el tono de la película lo da un personaje que apenas interviene en el relato, pero que es la primera en aparecer tras los créditos: se trata de Banang, la tía de María, inmersa en una claridad ajena a la razón, o a los designios habituales de la edad adulta; obsesionada por limpiar, como ocurre con las personas que han sufrido abusos sexuales o malos tratos.

Con los demás personajes nos enfrentamos a una pareja opacidad interior; presenciamos sus acciones, pero ignoramos sus motivos, la densidad de sus deseos. La película nos sumerge en la comunidad: contemplamos sus vidas desde ese punto de vista colectivo, y no el de un autor que pretende saberlo todo. Tan cerca, y al mismo tiempo tan lejos, con una sensación permanente de encierro (muchas imágenes contienen rejas o marcos que recluyen). Pero el hecho de que esas vidas transcurran en un espacio limitado no implica que tengamos derecho a violar su intimidad psicológica. Ellos son también, a su manera, islas; motas o lunares en el océano.

Puntúan su destino sucesos cotidianos y muertes misteriosas (los adjetivos podrían intercambiarse), y ello tanto en su propio territorio como en el inmediato y ajeno de la ciudad, que la película apenas visita. Bernal elige quedarse en ese “otro lado” que los jóvenes deben abandonar para labrarse un futuro. La película parece una aplicación inconsciente de los mandamientos de Horacio Quiroga:

Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver.

Como si respondiera a principios análogos, la película evita explicaciones inútiles sobre circunstancias políticas y económicas -no por implícitas menos presentes: basta ver la recepción que dispensa la comunidad a una funcionaria que acude a hacer una encuesta.

Dicho esto, y como sucedía de otras maneras en los viejos melodramas de Hollywood, Nunal sa Tubig también paga su tributo a una cierta retórica literaria. Se advierte esta en la narración simbólica del sueño de Chedeng, que contrasta con la intensidad más propiamente onírica de otros momentos (la rapidez de algunos insertos, de algunas miradas que se cruzan un instante para volver a perderse). También, aunque en este caso no en forma de relato sino de reflexión, dirigida a los propios personajes tanto como a los espectadores, ocurre con las palabras de un anciano que se adelanta a responder a las preguntas que van quedando abiertas: “puede haber muchas explicaciones; no todo tiene que tener sentido”; y que a continuación plantea otra pregunta a la que acaso la película trata de dar una posible respuesta: “¿qué queda por decir cuando ya todo se ha dicho?”

No conozco más bibliografía sobre Ishmael Bernal que un texto sobre esta película de Jesús Cortés, al que debo haber llegado a ella. Está publicado aquí.

13 pensamientos en “En Santa Fe

  1. jadsmpa79

    No conozco a fondo su filmografía, pero por lo visto me llama la atención lo preciso que es encuadrando y editando. Virtudes que adornan incluso una vista recientemente y que no me ha convencido, “Hinugot sa langit”. Esta que comentas es claramente superior y temáticamente recuerda a una surcoreana de los 60 aún menos conocida, “Gaetmaeul” (“El pueblo costero”).

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Ya la conoces más a fondo que yo, que aparte de esta solo he tenido ocasión de ver “Himala”, una película muy distinta en el punto de vista (ya que en ella tiene mucha importancia la representación, y su elenco de personajes incluye hasta a un director de cine). Tomo nota de esa “Gaetmaeul”.

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  2. Jesús Cortés

    “Hinugot sa langit” tiene un tajo como de cuarenta minutos en el último cuarto del film, justo cuando parece que tomará otra dirección para la protagonista. Eso, unido a la mala calidad de la copia, hace difícil apreciarla. De todas maneras, hay nueve Bernal, que yo conozca, mejores. Para mí es el mayor cineasta filipino junto a Mario O’Hara.

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  3. jadsmpa79

    De acuerdo. A mí me empieza interesando pero acabo viéndola como si fuera de Pilar Miró. También sugeriría pasar por “Broken Marriage”, por no citar la más conocida. Aunque he visto títulos de varios (además de los clásicos de mediados de siglo, Brocka, Bernal, O’Hara, Diaz, Mendoza, Martin, Jetturian, los León…) no puedo establecer aún una jerarquía. Y habría que hincarle el diente a alguna de gente menos conocida como Tahimik o Lupita Aquino. Creo, Jesús, que nos llevas cierta ventaja.

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  4. Jesús Cortés

    Es un cine que me ha interesado mucho desde hace años. He procurado ver todo lo subtitulado a algún idioma que entienda o a veces incluso sin entender más que las palabras en español o inglés que se enredan en el tagalo. Ahora también amplío a Indonesia, que Rissient insistía en que era una de las cinematografías orientales mayores.

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  5. jadsmpa79

    Ahí estamos también, sin perder de vista Tailandia. Confieso mi fascinación por Filipinas, esa rara, anacrónica mezcla de Asia y España, conservada no solo en algunos rasgos culturales, sino en nombres y apellidos que aquí ya nadie usa y que encuentro estupendos.

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  6. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Gracias a los dos. Aprovechando, aparte de “City after Dark” y “Broken Marriage”, ¿qué otras películas recomendaríais de Bernal? ¿Y de Mario O’Hara, hay alguna a la altura de “Tres años sin Dios”?

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  7. jadsmpa79

    Si a nombres vamos, a mí me encanta Charito Solis. La última que vi de O’Hara fue “Pangarap ng puso”, en su versión censurada, lo que no sé si limita sus virtudes o acentúa su hibridez. Desconcertante. Mejor paso la palabra a Jesús..

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  8. Jesús Cortés

    De Bernal, mis favoritas son “Manila by night / City after dark”, “Realsyon”, “Ikaw ay akin”, “Pahiram ng isang umaga”, “Hindi kita malimot” y esta que comentas. De O’Hara hay menos disponible, pero sobresalen de momento, “Tatlong…”, “Babae sa breakwater”, “Bakit bughaw ang langit?” y “The Fatima Buen story”. La que cita José Andrés es una de las finales, fantasmal y originalísima, un poco su “Morir, dormir… tal vez soñar” particular, pero inaprensible en gran medida porque hay década y media borrada de su evolución. Se me ocurren pocos casos de falta de distribución y subtitulado (Donskoí, tal vez Itô Daisuke) tan acuciantes en la historia del cine
    Las películas aparecidas de ambos hablan de que son sin duda dos de los grandes cineastas desde los años 70.

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  9. Jesús Cortés

    Ah y se me olvidaba destacar otro de esos nombres sin lustre y que deberían ser básicos en la historia del cine, la guionista de estos dos cineastas y de otras varias películas clave filipinas, Raquel Villavicencio.
    Imagino que hablo de esa clase de justicia que también sacaría del olvido al bajista James Jamerson y que nunca veremos

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  10. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Muchas gracias por las aportaciones. Por lo poco que conozco de Bernal y O’Hara, y salvando las distancias culturales y económicas, sus películas tienen más relación con el cine americano de los años 50 (o con Doskoi) que con el asiático emergente difundido a través de festivales a partir de los 80: esto deja escaso margen para su recuperación (fuera de círculos muy estrechos), ya que carecen de toda aura mítica.

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  11. Jesús Cortés

    La prehistoria de casi todas las cinematografías orientales, salvo la japonesa – siempre la economía de fondo – y en menor medida la china y la india, se remonta a, como muy lejos, los años 50, así que los cineastas que comenzaron entonces o más tarde, en función del aislamiento del país y muy grosso modo, empezaron por el principio (filipinos, tailandeses, indonesios, malayos…) o se subieron al tren en marcha (coreanos, hongkoneses, taiwaneses, vietnamitas…). Es evidente a quiénes les ha ido mejor.

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