Última frontera

The Last Frontier (Anthony Mann, 1955)

En esta película, las montañas surgen y se ocultan respondiendo a fuerzas más sutiles que las orogénicas. El cono nevado del volcán Popocatépetl (en medio de una topografía fantástica en la que Fort Laramie linda con los bosques de Oregón) sirve como cifra abstracta de la frontera. Frontera en el sentido más amplio -la que se extiende entre los dominios de la naturaleza y la civilización: un límite que, no obstante, es frágil, como el que dibujan las precarias empalizadas de un fuerte en un territorio aún no conquistado. Jed (Victor Mature) es un trampero que, junto con dos compañeros, vive de la venta de pieles. El conflicto entre las tribus indias y el ejército americano les hace perder su posición de equilibrio. Jed es un buen salvaje que no transmite ninguna inocencia. Una fuerza de la naturaleza, como una montaña.

Todos los westerns de Anthony Mann tratan de alguna forma sobre el conflicto entre individuo y sociedad: The Last Frontier lo contempla en su núcleo originario. Los tramperos se ven rodeados en primer lugar por la sociedad primitiva de los indios, y a continuación serán absorbidos por el cerco de Fort Shallam. La cámara se eleva, identificando las dos situaciones. El movimiento de ascenso separa a los personajes de la tierra y oculta el cono nevado de la cordillera tras las ramas entrelazadas o, en el fuerte, bajo una apariencia de orden: el mástil de la bandera surge como un nuevo eje de simetría que parte en dos la montaña.

Luego la película (escrita por el famoso Philip Yordan) se convierte poco a poco en una especie de variación sobre Fort Apache y la sombra del general Custer. Así, la frontera entre cultura y naturaleza se revela dialéctica, contradictoria. A veces los hombres civilizados, en vez de elevarse, se sitúan incluso por debajo del nivel de la tierra, como auténticos hombres subterráneos. Así el coronel Marston cuando cae en la trampa de su orgullo: desplazado en la lucha por el poder, solo le queda la búsqueda de la gloria, que no es más que el disfraz civilizado de la pulsión de muerte.

Esto nos lleva a otra frontera, la que solo se puede cruzar una vez (salvo en la imaginación). Está presente en todos los westerns, no solo en los dirigidos por Anthony Mann. Los humanos que viven próximos al estado de naturaleza tienen con la muerte una relación de intimidad, instintiva. La sienten acercarse como una alimaña; el silencio, o una cualidad peculiar del silencio, es su heraldo. Los hombres civilizados se creen a veces por encima de sus hostilidades; pero la naturaleza no solo es lo que está ahí afuera. La simetría de las situaciones y los puntos de vista va mostrando lo que une y lo que separa a Jed y el coronel Marston.

Retomando el gesto del inicio, cuando los tramperos se incorporan después de haber sufrido a ras de suelo el saqueo de los indios, al final Jed sube a un árbol para asistir a su compañero Gus ante una nueva emboscada.

Antes, Jed se ha despedido de su otro compañero, Mungo, junto a un árbol con una rama que apunta a la tierra: casi parecen personajes de una estampa bíblica.

El lirismo de esta escena resulta inesperado, debido a su ausencia en las dedicadas a la relación de Jed con la esposa de Marston, Anne Bancroft (aquí teñida de rubio, como para hacerle perder carácter). Ella, al entrar en contacto con Jed, empieza a vislumbrar algo oscuro en el alma de su marido. Una sospecha similar experimenta el capitán al mando del fuerte, interpretado por Guy Madison; pero el orden militar (que funciona aquí como representación esquemática del social) no permite cuestionar el poder establecido.

Lejos de toda edad de oro, The Last Frontier es una película dura, que no se permite visiones sentimentales. Sin embargo el lirismo vuelve, al final, con la llegada de las primeras nieves: una especie de maná liberador, con la que la naturaleza acude en socorro de los moradores de Fort Shallam.

2 comentarios en “Última frontera

  1. jadsmpa79

    Los grandes «westerns» protagonizados por Stewart y Cooper han eclipsado tanto «Devil’s Doorway» como «The Last Frontier» (un poco menos «The Furies», que para mí no es tan atractiva como estas dos). No resulta difícil identificarse con el trampero que tan bien interpreta Victor Mature, aun cuando al final se integre en el orden militar y mande romper filas a las tropas. Cierto: la naturaleza no es solo una realidad exterior, está también dentro, o mejor dicho estaba. La literatura y la música nos lo dijeron antes que el «western», que por su interpretación clásica de los espacios abiertos y la relación natural con el paisaje va pareciendo cada vez más extraña al mundo actual, reglado, digital y urbanita. Razón de más para revisitar no solo «The Last Frontier», sino «The Naked Spur», «Bend of the River», «The Far Country» o la soberbia «The Man from Laramie», producida el mismo año.

    Responder
    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Las películas dirigidas por Anthony Mann supieron ir a la contra de la «persona» dramática de Stewart y Cooper; no fue así en otros casos, como el de Henry Fonda (en la también excelente «The Tin Star», que pudimos ver en sala hace unas semanas en Santander), Victor Mature (un actor mucho menos prestigioso, pero sin el que no se podría imaginar «The Last Frontier»)… o la de Barbara Stanwyck en «The Furies» (una película que a mí también me gusta mucho, tanto como «Devil’s Doorway», y que prefiero incluso a algunas del ciclo de Stewart).

      Responder

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s