Código secreto

Love Is a Many-Splendored Thing (La colina del adiós. H. King, 1955)

Adaptación de una novela autobiográfica de Han Suyin, la trama de Love Is a Many-Splendored Thing podría sintetizarse en pocas palabras con la letra de la canción “Querer y perder”. Ampliando un poco más el punto de vista, la historia romántica se entreteje con los prejuicios raciales y morales de los colonos ingleses de Hong Kong (herederos de los traficantes de opio), y con las consecuencias de la guerra civil china (desde el éxodo de los nacionalistas hasta la guerra de Corea). Los amantes del contenido encontrarán en la película poco que rescatar: una novela rosa “made in Hollywood”, de los tiempos en que el adulterio público era un pecado casi tan grave como el comunismo (o el anti-comunismo, para los que estaban en el otro lado).

Y sin embargo, estos juicios sumarios hacen pensar en un empleado de correos que aparece en Remember the Day (1941), una película que narra una historia paralela a la de esta, cuando trata de convencer a la protagonista para que acorte su telegrama: “Love, Nora es lo mismo que decir I love you. I love you. I love you”. Ella le responde que lo envíe tal como está y añade, bajando la voz, que se trata de un “código secreto”. Advertir la diferencia requiere las mismas claves que son necesarias para ver en Love Is a Many-Splendored Thing una película distinta al resumen de su argumento: situada entre la claridad de Occidente y el refinamiento oriental, cincelada a imagen de su protagonista Suyin (Jennifer Jones). Como ella, la película nunca duda, siempre tiene el gesto preciso, la respuesta adecuada; y se permite las pausas necesarias para absorber la plenitud del instante. Los arrebatos se concentran en la música: como un cuenco lleno de pintura roja, sirve de depósito a la emoción desatada. Siguiendo el camino de Suyin, la historia traza un círculo entre resignación, ilusión y resignación. A semejanza del árbol de la colina que domina la ciudad (y la segunda mitad de la película, en la que aparece cuatro veces), ella ha sido alcanzada por el rayo, pero es capaz de seguir viviendo.

Al inicio Suyin vive para su trabajo, en una especie de torre de marfil: un hospital inglés en lo alto de una ladera, muy por encima del puerto de Hong Kong y su agitación -como el hospital napolitano de The White Sister (1923), otra película cuya primera parte narra una historia similar. En un papel de heroína pucciniana, Jennifer Jones recuerda aquí la estilización de Lillian Gish; pero no transmite la impresión, como tampoco en sus gestos de mujer oriental, de una imitación exterior. Parece una mujer diferente a la de las películas dirigidas por King Vidor bajo el impulso de David O. Selznick (quizá Henry King habría pensado como Ozu acerca de Setsuko Hara: “Si se la utiliza como ha hecho Kurosawa, yo creo que no brilla su lado mejor”).

King, clásico entre los clásicos, filma las mansiones coloniales con la misma pregnancia que los palacios renacentistas en sus películas italianas de los años 20. En pocos directores de Hollywood es tan evidente el interés por la arquitectura, el arte del espacio. Un equilibrio análogo es perceptible en su modo de construir el relato. Como las fachadas del clasicismo, se basa en la repetición y variación de unos pocos elementos simples (situaciones y encuadres): basta citar las numerosas escenas en que Mark Elliott (William Holden) acompaña a Suyin de vuelta al hospital. El esplendor cromático de la dirección artística, el vestuario y la fotografía (Leon Shamroy) es como una disonancia que hace la armonía aún más rica.

Se dice que el nombre de Hong Kong significaba originalmente “aguas perfumadas”. Henry King consigue atrapar un rastro de esa belleza sepultada bajo el peso de la civilización en torno a una pareja de “buenos salvajes” que nadan como peces tranquilos en las aguas de la bahía; que pagan por la buenaventura y reciben los regalos de la familia china de Suyin como si los rituales tuvieran algún poder sobre el destino. Su pasión puede hacer de ellos unos ingenuos, pero la película no lo es. No hay soluciones fáciles, personajes odiosos cuya mera desaparición haría posible la felicidad de la pareja: la esposa de Mark ni siquiera aparece en escena, aunque tiene una especie de doble grotesco en la señora Palmer-Jones. Es la sociedad, y tanto da la occidental como la china, la que sigue otros caminos, que desembocan en la guerra. La capacidad de comprensión y la amplitud de miras constituyen la clave para vivir la dualidad sin conflicto, para conservar la inocencia sin renunciar a habitar en el mundo. Como Flaubert, Henry King podría decir: “Suyin soy yo”.

21 comentarios en “Código secreto

  1. elkinetoscopiodigital

    Me sorprenden los parabienes que esta película (y otros mazacotes de King, con y sin la generación perdida de por medio, salpicados a lo largo y ancho de su carrera) suscita entre algunos. Yo la encuentro insistente en provocar unas emociones que está muy lejos de lograr y aplastada por el imponente aparato de producción de la Fox. Muy alejada de ‘Margie’, ‘Remember the day’, ‘Wait’til the sun shines, Nellie’ o ‘I’d climb the highest mountain’ (por citar algunas de las suyas que más admiro), que se expresan con mayor honestidad, en low key, en voz baja, pero que a mí me sacuden con mucha mayor hondura sin necesidad de tanta ridícula y machacona parafernalia.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Gracias por la contribución, aunque no coincidamos en el aprecio por esta película. Para mí es de las mejores de King, incluso un poco por encima de las que citas (con la salvedad de que no conozco «Margie»). Una película es siempre varias películas; como su protagonista euroasiática, esta película también es híbrida: contiene convención e invención. Creo que King consigue que domine la segunda, y de una manera no conflictiva, en voz baja, como dices, muy distinta a la de autores como Sirk.

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  2. Jesús Cortés

    Ni mazacota, ni ridícula ni machacona, pero bueno, cada cual filtra lo visto según su percepción de las cosas o de cómo deberían ser las cosas, mejor dicho.
    Para mí es sensible, discreta, romántica, abiertamente romántica desde luego, como la música que la acompaña, tan pudorosa como era norma en King – un error confundirlos con mojigatería o reparos de la época, pues en cuarenta años apenas varió de maneras – y por supuesto nada alejada de las que Santi prefiere.
    Gustos aparte, no entenderé jamás por qué es «lícito», agradable, pertinente e intemporal el propósito de hacer reir y pueril, altisonante, invasor y tramposo – los adjetivos los pongo yo – el de emocionar hasta llegar a las lágrimas.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Dejando aparte el gusto personal y que en todos los géneros hay películas mejores y peores, estoy de acuerdo en que el prejuicio hacia lo sentimental hace que películas como esta hayan sido muchas veces miradas con superioridad, clasificadas despectivamente como «películas para mujeres» en contraste con las que tratan sobre temas «masculinos» como el poder, la acción…

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  3. elkinetoscopiodigital

    Que no, señores, que mis ‘peros’ no tienen nada que ver con el género; para que quedase claro mencioné otras de él que aprecio mucho y que también son sensibles, discretas, románticas y hasta sentimentales, como ‘Remember the day’. Son de otra índole, y lamento mucho no haber sabido explicarlos mejor. Tienen que ver con el exotismo de baratillo, con Jennifer Jones disfrazada de oriental, con la música de Alfred Newman y la cancioncilla de marras, con ese romance que a mí me resulta completamente falso (culpa también de la pareja Jones-Holden), con la preciosista fotografía turística del archipremiado Leon Shamroy… con todo ese vistoso y pesado aparataje de productora de luxe que está también en muchos de los Henry King que menos me gustan (algunos disculpados por sus ambiciones o géneros «menores») y al que en muchas ocasiones (a diferencia de Ford, en su etapa Fox, por ejemplo) no se sabía imponer y que es antitético, creo, a la naturaleza callada del melodrama; como si estuviéramos ante una película de productor más que de director. Espero, aunque no se esté de acuerdo conmigo, faltaría más, haberme conseguido explicar al menos ahora.

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    1. Jesús Cortés

      Casi diría que lo empeoraste, porque a mí me gusta todo eso y lo encuentro adecuado, pero creo que soy yo quien lo empeora respondiendo.
      Por cierto que lo de la naturaleza callada del melodrama ¿dónde deja a Fassbinder, Vincent Gallo, Tatsumi Kumashiro, Manuel Mur Oti o Orson Welles? Me temo que eses es solo el melodrama que a tí te gusta o te interesa o las dos cosas, pero uno no elige con lo que se emociona o se divierte.

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      1. elkinetoscopiodigital

        Es cierto, Jesús, me di cuenta conforme lo escribía jeje. Pero el frenesí de los sentimientos no tiene porqué ir acompañado de un frenesí de las formas (hay melos maravillosos de ambos tipos), puede que si no va resulte aún más emocionante; pero en el caso de estarlo, como en los nombres que citas, depende de cómo se haga, para mí no hay una norma rígida. Lo que en Fassbinder «funciona» puede no hacerlo en King, de todas formas King puede resultar «sobrio» al lado de Fassbinder y «excesivo» (lo que creo que a él no le va) si se compara la película que da pie a esta estupenda entrada (que espero no estar estropeando mucho con mi amigable querella) con los otros King que yo citaba y que prefiero. Un abrazo y, como siempre, gracias al pastor de la ponderosa por su paciencia.

  4. jadsmpa79

    He querido permanecer al margen porque no puedo ser imparcial ni «objetivo» cuando se trata de Henry King. Debe ser por ello que considero esta infame película rosa uno de los más bellos y elegantes melodramas de su época (y de cualquier otra), atrapante desde el primer fotograma hasta el último, lleno de escenas maravillosas y con una secuencia final que pone un nudo en la garganta (el amor que sigue adelante y no se resigna a morir, que acude a su cita pese a la ausencia del otro, disputándole la victoria al destino) y que merecería todo un libro. Me paro aquí.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Gracias también a ti, José Andrés. Nunca podemos ser «objetivos» hablando de cuestiones de gusto.
      Sin dejar a Henry King en 1955, yo siento algo de lo que comenta Santiago Gallego ante «Untamed», que me parece una buena película en líneas generales, pero no más; y sin embargo contiene una de las escenas más bellas de toda su obra, la de la hora del Ángelus a la orilla del río, que también merecería amplio comentario (en una película en la que no se puede recurrir a los argumentos tópicos sobre el género «Americana»).
      Estoy de acuerdo en que «Love Is…» es uno de los grandes melodramas de los 50, época dorada para el género en Hollywood; lo mismo que «Remember the Day», de tono incluso más sentimental, lo fue en los años 40.

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  5. elkinetoscopiodigital

    Tenía curiosidad por saber de dónde (y cuándo) le viene la fama a esta película cuando nunca he leído grandes cosas sobre ellas. Me he lanzado hoy sobre algunos de mis libros y he encontrado poco o nada porque tenía ganas de leer algunos (buenos) textos más sobre esta obra y, para mi desgracia, he encontrado poco o nada. Tavernier-Coursodon ni la mencionan en su extensa entrada sobre King. En el anterior Coursodon-Savage, la entrada corre a cargo de King corre a cargo de Barry Gilliam quien directamente se burla de ella en una escasa línea. E

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  6. Jesús Cortés

    La fama me temo que le viene… de ninguna parte. De hecho siempre ha sido una de las películas más ignoradas y vilipendiadas de King, un fracaso y encima rosa como pintaba José Andrés.
    Respecto a lo que dice Javier, buena parte de lo que le reprochaba Santi al film, me parece pertinente decirlo de esa «Untamed», que se diluye en un cansino paso de escenas sin acentos, pero me temo que de este mal sufrieron alguna vez casi todos los grandes directores que trabajaron en el Hollywood de esa época, desde los de más fuerte personalidad a los menos rebeldes.

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  7. elkinetoscopiodigital

    Perdón, pero se me ha colado el texto en bruto, sigo: El Roud (con entrada a cargo de Richard Combs) tampoco la menciona, y sí lo hace con respecto a otros títulos mencionados por mí. Jacques Lourcelles, que dedica no pocas críticas en su Diccionario de películas a King, tampoco decide incluirla. En la crítica británica, en Time Out la crítica de Tom Milne es devastadora, a su lado yo soy un fan de la película. En el monográfico editado por el Festival de SS y Filmoteca española a Henry King tampoco encuentro grandes cosas sobre la película. En el libro de Javier Coma dedicado al melodrama (’50 amores clásicos’) y editado por Nickel Odeon tampoco merece una entrada ¿Algún buen texto que podáis recomendar sobre esta cinta aparte de los que ya imagino de Miguel Marías? Nada más lejos de mis intenciones que refrendar mi opinión y gustos con el peso de la letra escrita sino que me encantaría leer más acerca de ‘Love is a many splendored thing’. ¿Alguna recomendación? Gracias.

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  8. jadsmpa79

    Como dice Jesús, no sale de ningún lado. Ni falta que hace: algunos de los nombres citados hubieran necesitado lentes de aumento y graduación especial para apreciar aquello que los ojos permiten ver sin problema. Para no autocitarme, quisiera conocer la opinión de Thierry Lemoine, quizá la persona que más a fondo a estudiado a King, pero cuya biografía (me temo) nunca verá la luz; o Pierre Guinle, que lo entrevistó en el 67. En mis conversaciones con ambos nunca salió a relucir «Love is a Many Splendored Thing». Para el lector español la única referencia sobre King es el volumen que le dedicaron Filmoteca y Festival de San Sebastián, donde hay «de todo»: textos valiosos, fruto de la familiaridad y la reflexión, y otros, debidos a las «guest star» habituales, completamente superfluos pero que redundan en el compadreo ambiente. Si estoy en ese libro se debe únicamente a Miguel, que sabía de mi pasión por King. Es todo lo que puedo transmitir. Ah, una palabra sobre «Untamed»: fallida, sí, lejos de sus grandes obras, sin duda, pero con momentos, como el que señala Javier, o el reencuentro en la playa, que valen por todo el cine actual. ¿Cómo se filma un árbol? Ahí lo tenemos. ¿Un valle? Lo mismo. ¿Quién sabe filmar hoy un paisaje, una terraza, una fiesta? Silencio.

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  9. elpastordelapolvorosa Autor

    Lo siento, yo tampoco he encontrado otros textos sobre esta película. Lourcelles la menciona en la entrada correspondiente a «The Song of Bernadette» como «soberbia adaptación de la novela autobiográfica de Han Suyin» pero es cierto que no le dedica entrada propia, ni tampoco trata sobre ella en su artículo sobre King publicado en Trafic.

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    1. jadsmpa79

      Queda claro cómo trabajaba King y la ignorancia supina de los que le han calificado durante décadas como «artesano». De aquella legendaria entrevista, el bueno de Pierre recuerda que King estuvo correcto, pero un punto seco. Cuanto daría por haber compartido esa sequedad.

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  10. elpastordelapolvorosa Autor

    Dicho esto, no hay que perder de vista que afrontar una película como un proyecto personal no garantiza nada sobre su resultado. El cine de los últimos 60 años está lleno de autores, pero no tanto de películas a la altura de las mejores de Henry King.

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  11. Jesús Cortés

    En King esa mezcla de íntima convicción y pública modestia – la misma de Jacques Tourneur y ahí está la entrevista filmada en su casa ya retirado para ilustrarlo – cierra sobre sus películas un escudo que parece infranqueable. Casos como el de esta obra, de la que nadie habló bien y a él menos aún se le hubiese ocurrido, supone un esfuerzo de revalorización triple porque hay que contradecir a la crítica, al autor y a la misma película, empecinada en no hacer ver ni una sola de sus múltiples maravillas, todas interiorizadas y distribuidas discretamente para no opacar a estrellas, scopes, grandezas universales de sentimientos y demás útiles de trabajo de tantos llamados segundones como este gigante.

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  12. jadsmpa79

    Ahí está el quid: donde otros se hubieran limitado a coordinar, King organiza; donde otros ilustran argumentos, King explaya (e invita explayar) la mirada; donde la mayoría busca al público, King se dirige al espectador. Qué evidente debería haber sido siempre todo esto.

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  13. elpastordelapolvorosa Autor

    Al principio de Alexander’s Ragtime Band el profesor de música le dice al protagonista una frase que, subrayada con un cambio de plano, parece una declaración de la poética del cineasta: “remember, as more you press as less comes out” (cuanto más presionas, menos obtienes).
    Partiendo de puntos de vista opuestos en muchas cosas, que se traducen en una diferente relación con el tiempo y la narración, es interesante ver cómo algunos rasgos del estilo último de Henry King (la frontalidad, la repetición de encuadres, la casi ausencia de primeros planos y planos/contraplanos) los encontramos también en Chantal Akerman. No se trata evidentemente de influencias sino de confluencias insospechadas que justifican la idea de Lourcelles de situar a King entre los cineastas “modernos”.

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