Un punto rojo

Una (nueva) generación entera que solo conocía a Ozu desde hacía unos días, ignoraba aún por completo películas como … La lista no tiene fin, y ayuda quizá a entender, precisamente, este gusto por las listas: un jueguecito en el que asoman la nariz, sin duda, el saber y la erudición, pero también un medio de fijar -en el papel o en otra parte- un poco de esa memoria fabulosa que resiste al tiempo y a las modas, un medio de no olvidar: confrontar estas imágenes -que con frecuencia no existen más que en el recuerdo- con las que vemos hoy, y sobre todo: no dejar que te cuenten historias, rechazar la nostalgia (que tanto deforma) y el gusto del día (que poco informa: nacimiento cotidiano de un nuevo cineasta, de un nuevo autor).

Pero el fetichismo de la lista nunca impide el regreso de lo vivo: la sangre roja que brota de los labios abofeteados de Louis Jourdan en «Anne of the Indies«…

Louis Skorecki, Contre la nouvelle cinéphilie (Press Universitaires de France. Paris, 2001)

En latín existe una palabra para designar esta herida, este pinchazo, esta marca hecha por un objeto puntiagudo. Este segundo elemento que viene a perturbar el «studium» lo llamaré «punctum«; pues «punctum» es también pinchazo, agujerito, pequeña mancha, pequeño corte, y también casualidad.

Roland Barthes, La cámara lúcida (Ed. Paidós. Barcelona, 1989)

Las imágenes proceden de Anne of the Indies (J. Tourneur, 1951) y El otoño de la familia Kohagayawa (Y. Ozu, 1961).

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s