Teatro de sombras

Macao (Josef von Sternberg, 1952)

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Esta es una de esas películas en que las circunstancias de producción se hacen visibles: escenas rodadas con transparencias tan evidentes como remiendos sobre un tejido de calidad muy distinta, planos mal montados, falta de relieve general y la sensación de que el downplay característico de un Robert Mitchum se hubiera contagiado a todo el equipo y empezara a confundirse con la desgana. Esta es una de esas películas como templos reconvertidos por un invasor que profesa una religión enemiga, como iglesias románicas cuya traza original ha sido remozada con columnas clasicistas y altares barrocos.

Salvo para los fans de Jane Russell, Macao es una película sin aura, cuya única leyenda pertenece al subgénero del chismorreo. Los admiradores de von Sternberg reiteran sobre ella el gesto desdeñoso del director, molesto porque otros metieran en el pastel “no ya el dedo, sino diversas partes de su anatomía”. Quizá es cierto que, hablando en general, una película debe ser algo más que una sucesión de estampas, cruces de líneas en torno al sueño de una sombra, telas o redes que envuelven los cuerpos y ocultan los rostros. Pero otros cineastas saldrían peor parados que von Sternberg de situaciones como esta. Él era un platónico que despreciaba la mímesis y, ya desde su primera película, era consciente de organizar esa proyección de sombras en que consiste el cine con el único objeto de “fotografiar una idea” (to photography a thought).

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No siempre las intenciones del autor son la mejor guía hacia una obra, pero la afirmación de von Sternberg debe ser atendida. De otro modo, se corre el riesgo de perderse en un artificio que él llevó a su clímax en Hollywood –esa moderna Babilonia evocada a través de múltiples lugares exóticos en los que no rigen las normas morales acostumbradas. Narrativamente, sus películas son como rituales primitivos, que no pretenden reducir la distancia entre el espectador y el escenario; la planificación y el montaje no nos introducen en el espacio interior del relato. «Fotografiar una idea» implica una distancia mínima de enfoque. El exceso de emoción nubla la capacidad de juicio, y a veces no permite ni enhebrar una aguja. Eso sí, hay que entender «idea» en un sentido amplio, incluyendo deseos, ansiedades, preocupaciones, temores. Además de platónico, von Sternberg era junguiano. Sus películas no están habitadas por seres humanos concretos, sino por arquetipos. Si Marlene Dietrich oscila entre María Magdalena (su nombre real), Circe, Carmen y esas mujeres diversamente «fatales» del cambio de siglo con nombres musicales e infantiles (Nana, Lulu, Monelle), Ona Munson en The Shanghai Gesture es Medea (habría que verla en programa doble con la versión de Pasolini). Son películas desconcertantes, que reclaman más de una visión, o quizás una visión interior, proyectada en la memoria.

Los protagonistas de Macao son dos salvation hunters que casi han perdido la fe en alcanzar algo mejor. Como la Amy Jolly de Marruecos, Julie Benson (Jane Russell) llega en un barco, en el que conoce a un rico comerciante (William Bendix). Su profesión es típicamente ambigua: cantante de music-hall, más lo que haga falta para completar ingresos. En su aparición en escena, un hombre borracho ha malinterpretado esa ambigüedad, y Nick Cochram (Robert Mitchum), alcanzado a través de una ventana por un zapato de esta cenicienta tan diferente del dibujo de Disney, acude en su auxilio. Él se cobra el rescate con un beso, que ella aprovecha para robarle la cartera (no muy llena).

Además del comerciante, que también esconde una ambigüedad, luego se cruzará en su camino otro hombre poderoso, el dueño del casino The Quick Reward (Brad Dexter). Siguiendo la recomendación de un policía corrupto, contrata a Julie como cantante. Cuando ella trata de regatearle el salario, él le contesta que “la gente viene aquí a jugar”; solo quiere tenerla a mano en espera de su caída, y sus ojos la miran con la frialdad de un ave carroñera –o un dragón chino. Su amante (Gloria Grahame, que como una nueva Poppy parece haber alcanzado la suprema indiferencia por medio de sustancias inconfesables) ve peligrar su posición con la llegada de la nueva presa.

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Estas son las piezas del juego. Sugerir fragilidad con actores como Russell y Mitchum requiere dotes de buen crupier. El interior de The Quick Reward no es circular, como aquel maelstrom esculpido de Shanghai Gesture, sino lineal: a semejanza de lo que los protagonistas hacen con sus vidas, la cámara recorre el casino en bellos travellings que no llevan a ningún lado, entre ventiladores de aspas, farolillos chinos y cestas metálicas que ascienden con joyas y bajan con dinero. El estilo de von Sternberg brilla inconfundible en múltiples planos dispersos aquí y allá; y con especial continuidad en la gran escena de la persecución en el puerto, en que las redes tendidas como interminables telas de araña hacen el efecto de la niebla en The Docks of New York.

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El final liberador se resume en un fundido encadenado (Afrodita renace de las aguas) que dura apenas un segundo y que enlaza con aquella vieja película –quizá la más bella de las que dirigió von Sternberg junto con Marruecos, y que podría acreditarlo como padre olvidado del realismo poético francés. En los años 50 las cosas ya no pueden decirse con la misma crudeza que a finales de los 20. Los personajes de las películas han avanzado en el encubrimiento de sus emociones, de su soledad y su indefensión. Una frase irónica puede ser tan expresiva como un intento de suicidio. Pero la soledad y la indefensión permanecen ahí, inmunes al paso del tiempo.

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Todas las imágenes pertenecen a Macao, salvo la anteúltima, que es de The Docks of New York.

9 comentarios en “Teatro de sombras

  1. Rodrigo Dueñas

    Tu artículo, tu extraordinario artículo, me ha impelido a volver a ver una película a la que no consideraba en demasía debido tanto a lo que sabía de ella (un refrito, por mor de Hugues, donde metieron baza varios) como a que, a causa de las presiones e injerencias, se apartaba de lo que era Sternberg (trabajando en el cine de género, eliminando su ritmo moroso, borrando buena parte de la distancia que sabía marcar, siendo más explícito). Condiciones de producción, opiniones de los participantes, imagen preconcebida de lo que es (aunque se haga a partir de lo más valioso suyo) el autor… es decir, razones erradas sin vuelta de hoja.
    Ahora la película se me agranda al ver cómo en ella Sternberg se atreve a hacer un cine al que no se había acercado y cómo resuelve con brillantez unas convenciones, una forma de narrar y un ritmo ajenos. Y siendo él mismo: los personajes, la mirada, el esplendor plástico son puro Sternberg.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Muchas gracias, Rodrigo. «Macao» es, desde luego, una película muy imperfecta. Pero Sternberg fue siempre un manierista, menos interesado por la perfección que por otros atributos de la belleza.

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  2. jadsmpa79

    Como hemos convenido alguna vez, las películas de Sternberg no transcurren en los lugares acreditados sino en el imaginario de Sternberg. Incluso «Jet Pilot», que podría haber filmado Hawks. Hay buenas razones para ser fan de Mitchum y Russell, pero no creo que aquí estén su cota; tampoco Sternberg, cuyo talento, sin embargo, brilla aquí y allí -tú has señalado muy bien dónde-. Recuerdo que hay otra producción problemática de Hughes por esas fechas, con idéntica cabecera de reparto: «His Kind of Woman». ¿Monelle, la de Schwob?

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  3. Rodrigo Dueñas

    Vista con nuevos ojos, «Macao» no me parece tan imperfecta. Si no supiéramos las condiciones de producción y estuviera firmada, por ejemplo, por Cromwell, sería considerada como un noir estupendo, que es lo que es.
    Aquí no la alcanzó (porque no le dejaron), pero creo que Sternberg siempre buscó la perfección, no la que admiran tantos, sino la suya.

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  4. Jesús Cortés

    Está realmente muy bien «His kind of woman», pero es una pelicula muy rara: larga, zigzagueante, débil a veces y muy dura en otros momentos, una especie de combate entre el, como de costumbre, muy buen guión de Frank Fenton y la manera de trabajar de Farrow con los actores, tan impresionista y aproximativa.

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    1. jadsmpa79

      Me temo, Jesús, que estaría de acuerdo contigo si lo aplicases a «Macao», pero encuentro muy endeble «His Kind of Woman». Lo explicaré pronto, aunque no me hace feliz disparar contra un director al que tengo en gran estima. Hughes, por otro lado, reclutó a Richard Fleischer para rodar varias escenas suplementarias, línea impuesto revolucionario. En fin, un desastre.

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      1. Jesús Cortés

        Es una película muy loca y con demasiados meandros, tampoco es para empuñar una bandera por ella, pero tiene un encanto demente interesante.

  5. elpastordelapolvorosa Autor

    Gracias a todos por las aportaciones. No conozco «His Kind of Woman», pero desde luego Mitchum y Russell, por separado, hicieron mejor papel en otros lugares; lo mismo que Gloria Grahame.
    Sí, José Andrés, hemos coincidido casualmente en Schwob. Pensé en Monelle como prototipo finisecular de mujer que conserva la inocencia a pesar de su condición venal, algo que aflora, en algunos momentos, en el rostro de Marlene Dietrich fotografiado por Sternberg.

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  6. elpastordelapolvorosa Autor

    Como dice Rodrigo, recordaba «Macao» como una película muy menor. Pero la he disfrutado mucho al volver a verla, pese a todos sus remiendos y desequilibrios.

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