El regreso del nativo

King of the Khyber Rifles (Henry King, 1953)

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Esta es una de esas películas en las que tiene poco sentido tratar de revelar algo que no esté directamente al alcance de la vista. Solo habría que decir que no hay que mirarla con altivez, como hacen los militares ingleses con el capitán King.

Adapta una novela de aventuras de Talbot Mundy, a la que ya antes se había acercado John Ford en The Black Watch (1929), y que quizá empezaba a estar pasada de moda en 1953. Según la Wikipedia, es un viejo proyecto de la Fox de los años 30 resucitado con el impulso del cinemascope. A diferencia de las películas de aventuras de los 30, aquí no empezamos con la infancia de los protagonistas. Y sin embargo, esa infancia elidida está muy presente. Tyrone Power, con su cara de niño cansado, encarna idealmente al capitán King, huérfano de un militar inglés y una mujer pakistaní que fue adoptado por un musulmán. Su hermano adoptivo se convertirá, con los años, en el líder de la guerra santa contra los ingleses.

La primera escena de la película los enfrenta en un paso montañoso; el capitán King consigue librar a su regimiento de la emboscada gracias al aviso de un nativo que prefiere el orden británico a la violencia de sus compatriotas (mataron a su hermano).

El capitán King acaba de ser destinado al fuerte que controla la frontera del imperio, entre Peshawar y el Khyber Pass. Nació y se crió en ese lugar, y habla perfectamente las lenguas locales. El relato plantea la división interior del protagonista, pero no la desarrolla de manera psicológica. King es un héroe de una pieza, que en ningún momento duda de que servir a los británicos sea la única opción moralmente válida; aunque ese servicio implique labores de agente doble, arrastrarse con mentiras para matar a su hermano.

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No obstante, sin decir nada en voz alta, la película muestra la dualidad de King, la vuelve hacia el exterior: recién llegado a Peshawar, el personaje visita una casa de hospedaje donde vivió con su padre adoptivo, y allí contempla pasivamente a una bailarina asiática. Justo después rescata a una mujer inglesa, Susan (Terry Moore), de un pequeño disturbio callejero. Más tarde Susan pedirá a King que la escolte a la ciudad, y este la invitará a merendar a la casa de huéspedes; su mirada se pierde en una canción sobre el viento que entona un hombre con un laúd.

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Da igual que el desenlace sea convencional, porque lo importante en las películas de aventuras no es el desenlace. La sensación de aventura no se comparte tanto en la acción como en la espera de la acción; en la lentitud de los preparativos, en los instantes de duda antes de asestar una puñalada, de iniciar un ataque.

La simplicidad, lo convencional, forman parte de la esencia de la película; aquí no hay psicología, sino movimiento y color. Leom Shanroy, un Pontormo del siglo XX, envuelve a Terry Moore en tonos malvas y púrpuras, como si fuera una virgen en el altar alargado del cinemascope. Su padre, el general al que interpreta Michael Rennie, es el personaje verdaderamente ambiguo, consciente de la brecha entre sus creencias teóricas y las prácticas. Haciendo abstracción de sus lados más oscuros, Henry King es como él: el hombre que lo sabe todo en el campamento –incluso que hay cosas que no deben ser dichas. Viendo esta película me he acordado de la frase de Griffith que citaba Straub: “lo que le falta al cine moderno es la belleza, la belleza del viento en los árboles”.

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11 comentarios en “El regreso del nativo

  1. Rodrigo Dueñas

    Has escrito un bonito artículo, lleno de anotaciones precisas y reveladoras, de una excelente película de King.
    Henry King, quizás el más subvalorado de los grandes directores; algo asombrosamente injusto: entre lo que conozco de él (y mi conocimiento es parcial) hay al menos veinticinco obras maestras. A ver cuántos de los genios aplaudidos y conocidos en profundidad por los que los votan en las recientes listas sobre los mejores de la pasada década llegan a la altura… de una de las películas medianas de King.

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  2. Jesús Cortés

    No tan mediana para mí, Rodrigo. Una de las abundantes magníficas suyas, que son tantas que es fácil perder la perspectiva

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  3. Rodrigo Dueñas

    Medianas, pero siempre dignas, son algunas películas de la amplia obra de King, pero no esta, Jesús, a la que califico de excelente en la primera frase.

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  4. elpastordelapolvorosa Autor

    Gracias a los dos. Respecto al olvido, habría que pensar que siempre ha ocurrido así en la historia del gusto: un cambio de estilo hace que se mire con desprecio, si es que se mira, lo que viene de atrás. Basta pensar en la apreciación del arte medieval durante el «siglo de las luces», etc.
    King tiene tantas películas excelentes que, por mucho que se pueda dudar de la noción de autor único en el contexto en que él trabajó, sus logros no pueden explicarse como casuales o sujetos a una lógica industrial.

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  5. elpastordelapolvorosa Autor

    Ya he visto que King es uno de tus cineastas favoritos: opinión que suscribo aunque con menos fundamento, porque para mí su obra sigue siendo aún, como decía Lourcelles, un inmenso continente a medio descubrir.

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  6. jadsmpa79

    Su mirada cinematográfica posee una belleza aérea que a mí me pone al borde de las lágrimas, da igual lo conseguidas que estén sus películas (y son muchas las que lo están). Lourcelles fue uno de los primeros en advertir lo que a casi todos los demás les había pasado desapercibido. Lo que me extraña es que no incluya una película suya en sus famosas listas. Hay donde elegir.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Sí, el suyo es un arte de la mirada que demuestra que un gran director no es necesariamente un «autor» (en el sentido de la política de los autores francesa, que ha sobrevivido en una burbuja hasta mucho después de que Barthes decretara en literatura la «muerte del autor»). La crítica de cine ha recaído con demasiada frecuencia en el error de valorar las intenciones por encima de los resultados, olvidando que en cualquier arte, y en particular en el cine comercial por su carácter colectivo, media una gran distancia entre unas y otros. Quizá procede de ahí el olvido crítico que ha sufrido Henry King.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor

      Tanto para los críticos como para los que no lo son, es difícil separarse de la opinión común, ver lo que no se ha visto antes.

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