El amigo americano

Model Shop (Jacques Demy, 1969)

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Como en Vértigo, un hombre sigue a una misteriosa mujer por las calles de una ciudad americana: unas calles que no son pintorescas, que han perdido todo vestigio de un pasado romántico, cuya poesía se cifra en el vacío, el trayecto interminable, las ilimitadas combinaciones de posibilidades. A finales de la década de 1960, Los Ángeles ha tomado el relevo del Londres de Stevenson como la nueva “Bagdad de Occidente, la ciudad de los encuentros”.

El azar pone en contacto a los protagonistas justo cuando están a punto de partir. Con su particular mezcla de sentimentalidad y desesperanza, Demy relata la historia de una fascinación destinada al fracaso. El sueño americano del director no nace de una ambición trivial, como la del personaje de Gloria (Alexandra Hay); es un sueño de otro tipo, un imposible, una obsesión infantil: como rastrear el ajado mapa de un tesoro.

Al mismo tiempo, Model Shop pone en escena el romance de un Hollywood fascinado por el cine europeo, al que contempla, con una mezcla de ingenuidad y concupiscencia, como una “mujer con pasado”: en este caso, un ángel vestido de blanco, como Jeanne Moreau en La baie des anges. El azar tiene sus reglas, y solo concede este tipo de encuentros a quienes creen en sus favores, en lugar de entregarse a un trabajo constante de hormiga (evocado por el balanceo incesante de las grúas Derrick junto a la casa en que vive el protagonista, Gary Lockwood).

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Al modo de la Comedia humana de Balzac, Demy hace que algunos de sus personajes reaparezcan de película en película. Para el autor son seres vivos, y su apego a ellos es acaso como el del tímido que agradece tener algún conocido en una reunión llena de gente nueva. También puede responder a este espíritu la recurrencia de procedimientos formales, como el traveling hacia atrás que descubre el paisaje de apertura de la película, que retrotrae a la sección central de Ars (una película que deja al descubierto la conexión bressoniana del cineasta y que, vista sin sonido, desprovista de su texto documental, no hace mala figura como cortometraje de vanguardia).

Model Shop se balancea también sin cesar, insensiblemente, entre lo exterior y lo íntimo; el paso de uno a otro espacio se materializa en el corredor sombrío y sinuoso que conduce a la habitación de Lola/Cécile (Anouk Aimée) en el estudio de modelos, como si fuera la entrada a un viejo cine.

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2 pensamientos en “El amigo americano

  1. jadsmpa79

    Aunque de forma vaga, recuerdo esta película llena de trasposiciones, ese trasvase de ida y vuelta entre el cine norteamericano y el europeo que Demy ya venía realizando desde “Lola”, sutilmente vinculada a Walsh. Al otro lado del Atlántico su melodía sigue sonando parecida, pero ya con unos acentos más ásperos, como si el mundo estuviera mudando de piel y dejando atrás las viejas pasiones. Bien vista la conexión, aparentemente insospechable, con Balzac.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      La película mantiene unidad de tiempo y de lugar (si se puede considerar a Los Angeles como una unidad), pero no de acción: pese al gusto de Demy por lo novelesco, “Model Shop” está muy alejada de la narración novelística. Las idas y venidas del protagonista tejen múltiples hilos que quedan sueltos, en una especie de fotografía móvil e imperfecta de un tiempo y un lugar.

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