Huellas en la nieve

On Dangerous Ground (La casa en las sombras, 1951)

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La primera imagen después de los títulos de crédito muestra la mano ciega de una mujer que entrega una pistola a un hombre, su marido, un policía que esa noche trabaja, y se despide de él de una forma que un niño (el niño que ellos no tienen) consideraría quizás ridícula; en la siguiente escena es un policía más grueso el que se despide de su familia numerosa, llena de niños que ven una escena de tiroteo de una película del oeste; y finalmente se nos presenta al protagonista, Robert Ryan, solo en su casa, tirando a la basura los restos de la cena y dejando los platos sucios en el lavabo mientras lo esperan sus otros compañeros de patrulla. La primera parte de la película, urbana y nocturna, es del color con que ve el mundo este policía solitario, con rasgos psicopáticos, que solo tiene contacto humano a través del trabajo y la violencia. A costa de algo de retórica, esta primera parte plantea con claridad los conflictos del personaje.

on dangerous ground-5 ryan

La segunda parte es un viaje a otro lugar, quizá en el sueño, en el que el personaje de Ryan debe intervenir en una serie de sucesos aún más terrible que los delitos mezquinos de la ciudad. Y sin embargo, de forma incongruente, como una luz que se enciende en la casa de una persona ciega, la naturaleza conspira para cubrirlo todo de blanco. Parece como si la nieve sepultara también los tópicos del cine negro: la mujer deja de ser Eva, la hermana de la serpiente que está detrás de los crímenes de los varones, y se convierte en María.

on dangerous ground-2 lupino

De este modo, casi por sorpresa, la película “negra” se convierte en un melodrama “blanco”: la clave de ese desplazamiento es una mujer ciega, Mary, que vive en el campo en medio de la nieve, a la que interpreta Ida Lupino en un estilo que evoca (años antes de Banda aparte) a Lillian Gish, como una mezcla de Way Down East y Orphans of the Storm –a las que se podría añadir también La noche del cazador. De hecho, muchos tramos de esta segunda parte carecen de diálogo y están centrados en el puro desplazamiento físico, en la persecución incansable a través de carreteras nevadas, siguiendo huellas profundas en los campos cubiertos de nieve, trepando entre grandes bloques de roca (como lo hacía Mae Marsh huyendo de su perseguidor en la segunda parte de El nacimiento de una nación).

Pero, por otra parte, On Dangerous Ground sería inimaginable como película muda, sin la voz grave y oscura de Lupino, doblada por el timbre de la viola d’amore (que el músico Bernard Herrmann utiliza siguiendo a Janacek en la idea, aunque no en el estilo), que sustituye a los metales estridentes de las escenas de persecución.

El personaje prototípico del cine de Ray, el adolescente perseguido, irrumpe aquí de forma especialmente dramática; su conflicto con la sociedad es irresoluble, pero despierta, de forma misteriosa, la empatía perdida del personaje de Ryan (quizá al verse confrontado con su doble rural, interpretado por Ward Bond). Danny, el hermano de Mary es un ser aún más frágil que ella puesto que su ceguera es mental: como el policía, aunque de otra manera, más inmadura y contradictoria, no sabe cómo relacionarse con el resto de las personas.

Los ciegos son capaces de ver con las manos, como el niño del inicio de Persona, y también a través de ese sexto sentido proverbial: al no perderse en los detalles, pueden discernir la energía que emiten los seres humanos, como fuentes de una luz visible solo para ellos. Mary no dispone de tiempo para tomar una decisión pausada, pero reconoce de inmediato que este policía de ciudad es, como su hermano, un ser especial, quebrado por una fractura interior. Robert Ryan hace aquí una de las mejores encarnaciones del otro personaje clásico de Nicholas Ray, que es en el fondo el mismo: el hombre aparentemente maduro que sigue siendo en su interior un adolescente débil, lleno de inseguridades, incapaz de cumplir su papel social de “cabeza de familia”, como Bogart en In a Lonely Place, James Mason en Bigger than Life o Curd Jürgens en Bitter Victory.

Esta es una película sobre últimas oportunidades; unas se malogran pero otras, a cambio, se cumplen. La propia película, con su extraña estructura, sus fallos de montaje, su final apresurado, parece tan enferma, atormentada y frágil como los personajes, y sin embargo transmite una sensación de verdad que se deposita sobre lo convencional como la nieve sobre el paisaje.

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Fuentes de las imágenes: themovingsilent.wordpress.com / limoday.blogspot.com / dvdbeaver.com / thelastdrivein.com / curdjuergens.deutsches-filminstitut.de

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4 pensamientos en “Huellas en la nieve

  1. jadsmpa79

    Uno de los muchos méritos de Ray consistió en explorar los géneros con una mirada no genérica, y no para sublimarlos o trascenderlos (cosa que también hizo), sino para articular una visión personal de las experiencias humanas, da igual cuál fuera el ámbito escogido. Al igual que “They Live by Night” o “In a Lonely Place”, “On Dangerous Ground” es una de esas películas con las que se puede hablar a horas avanzadas, cuando nos sentimos solos y el corazón flaquea, como le pasa al policia interpretado por Ryan. Y, en efecto, del mismo modo que en Ray los géneros se cruzan, también se cruzan el joven desorientado y el hombre que ganado la madurez con una sorda sensación de fracaso, sintiéndose de alguna forma errado, desubicado o incompleto.

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  2. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Nicholas Ray pertenece a esa tradición “outsider” y contracultural que constituye la otra cara de la cultura norteamericana desde los tiempos de Thoreau, en la que lo individual está siempre por delante de lo genérico, y el pensamiento propio por encima de la opinión común y la conveniencia material. Sus películas sugieren que todos somos, de una manera u otra, incompletos, fracasados, destinados a la imperfección; y de este modo, frente a los sueños e hipocresías del optimismo dominante, nos recuerdan que no somos los únicos, que no estamos solos.

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  3. jadsmpa79

    Ese optimismo del que hablas es otro de los productos importados a ciegas de EEUU por países de identidad débil, como el nuestro, devorados por el marketing y el papanatismo electrónico. Me temo que en este contexto el número de espectadores capaces de entender a un cineasta como Ray haya decrecido en proporción inversa al número de imbéciles que siguen a “influencers” y “youtubers”. Pero vamos a no amargarnos el domingo.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      La dificultad de las películas de Ray es de un tipo diferente a la de los cineastas tradicionalmente considerados “difíciles”: apreciar y entender sus películas implica ser capaz de convivir con esa imperfección que forma parte de su sustancia, tanto por motivos intrínsecos como ligados a las circunstancias de producción de esas películas –cuya propiedad correspondía, en definitiva, a personajes con creencias y formas de ser antitéticas a las de Ray, como, sin ir más lejos, Howard Hughes.

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