Los emigrados

Departure on Arrival (1996), Appearances (2000), Ariadne (2004) –Barbara Meter

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En su libro Los emigrados, publicado en 1992, W.G. Sebald escribió que, al contemplar un viejo álbum de fotos, “sentí realmente y sigo sintiendo como si los muertos regresaran o nosotros estuviéramos a punto de irnos con ellos”. De hecho, algunas viejas fotografías aparecen intercaladas aquí y allá entre los densos párrafos. La misma intuición, y con análogo procedimiento, expresa Barbara Meter en sus películas Departure on Arrival y Appearances: el núcleo de las dos películas son las fotos de familia. Son también, como en Sebald, retratos de emigrados, que aparecen intercalados entre otras imágenes y reaparecen con variaciones de luz y encuadre, a veces filmadas con cámara en mano (de manera que el pulso de la cineasta parece animarlas con el movimiento de la vida).

Meter no nos da ninguna información sobre las personas retratadas: no sabemos quién de ellas es su padre, su madre, sus abuelos, pero sí que algunos son desconocidos incluso para ella misma, meros testigos de un tiempo y un lugar. Por medios opuestos al relato minucioso y envolvente de Sebald, estas películas alcanzan una mezcla similar de emoción y distancia, un grado análogo de abstracción: al mostrar los detalles fuera de contexto, como iluminaciones súbitas que colisionan entre sí, lo anecdótico se convierte en universal –y no en un sentido meramente político (“todos somos judíos alemanes”) sino metafísico (emigrantes, transeúntes efímeros entre dos puntos abiertos que tejen una sutura en el reposo de la inexistencia).

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La idea del viaje aparece continuamente: siluetas de viandantes, pies que caminan solitarios o al unísono, trenes, coches, imágenes tomadas desde vehículos, aviones, aves en vuelo, incluso la electricidad que se desplaza invisible por las líneas de alta tensión. En contraste, la naturaleza representa una especie de permanencia: los árboles, las marismas llenas de aves contra el sol del atardecer.

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La sensación de transitoriedad se proyecta también sobre el entorno y la forma de vida de las personas desaparecidas: su forma de vestir, de posar ante la cámara solos o en grupo, los lugares en que vivían. Su emigración supone también un alejamiento de la naturaleza, y el tono de elegía resulta evidente en las imágenes de las viviendas campesinas de la Europa oriental, en las canciones populares –una de ellas reproduce el intervalo del canto de un ave que ha sonado previamente; otras veces, el ruido de la aguja en los surcos de los viejos discos transmite una sensación inmediata de lejanía, como una correspondencia sonora del grano dela película, tan presente en todo momento, que a veces cae como una especie de lluvia sobre los objetos o los rostros, y otras adquiere vida propia al margen de la representación.

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La música de Schubert (un mínimo fragmento del movimiento lento del quinteto de cuerda en do mayor y la frase inicial del piano en el primer lied del Viaje de invierno) es el punto de unión de estas dos películas con la última de la sesión que Cineinfinito dedicó a la cineasta el pasado 29 de junio: Ariadne, dominada por el desasosiego infinito de Margarita en la rueca. Sobre imágenes de copas de árboles invernales desde el parabrisas de un coche se repite el primer compás y medio de la canción, en que el piano solo, antes de que irrumpa la voz, expone el motivo agitado que representa el movimiento circular perpetuo de la rueca, alternándose con el pasaje de cuatro compases en que ese movimiento se detiene, justo después de las palabras “sein Kuß” (sus besos). Más adelante el ruido mecánico de la rueda giratoria (metáfora del proyector cinematográfico) se adueña de la banda sonora, y luego surgirán otros sonidos: trenes pasando, canciones italianas, hasta que el lied vuelve un instante en la voz de Kathleen Ferrier: “y mi pobre sentido / delira trastornado”.

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Los fragmentos musicales aparecen de forma absolutamente fugaz en Departure on Arrival y se prolongan un poco más en Appearances, pero solo lo suficiente para establecer un contrapunto a las imágenes sin interferir en su ritmo propio; como una forma de personalización de aquellas (Meter ha explicado que se trata de músicas que absorbió durante su infancia, y que formaban parte esencial de la vida familiar).

Estas película son como una excavación arqueológica: como una moderna Ariadna, Barbara Meter explora los estratos ocultos, las vidas que se encuentran por debajo de toda vida presente; rescatando lo que queda de ellas (fotos en vez de ánforas, músicas en lugar de puntas de flecha) de los laberintos cotidianos del olvido.

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Las imágenes provienen de: Cineinfinito

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6 pensamientos en “Los emigrados

  1. jadsmpa79

    Inmejorable introducción la que ofreces al cine de esta directora holandesa, de cuyos “Zuiver film” hay ejemplos en la red. Al menos dos de ellos son magníficos, “A touch” y, sobre todo, “Ariadne”, unas fascinantes variaciones sobre el motivo schubertiano de la rueca, secretamente conectado (como apuntas) al celuloide devanado en las bobinas del bastidor. Dada la excelencia del libro de Sebald todo invita a zambullirse en las dos películas de Meter citadas al comienzo de tu artículo, bueno, en una, “Appearences”, que es la que puede pescarse en la red.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      No es más que una conjetura, pero la coincidencia temporal con el libro de Sebald (suponiendo que Barbara Meter lea en alemán, ya que la primera edición inglesa es de 1996) permite pensar en él como una posible fuente; aunque luego el estilo es muy diferente, y si hubiera que buscar proximidades literarias al de Meter sería más bien en la técnica del collage de poetas como Apollinaire antes que en cualquier forma narrativa.
      Ver estas películas en el ordenador es una experiencia informativa, pero muy distinta a la de la proyección en sala; me parece que el cine narrativo sufre menos la pérdida de calidad y escala, y también de esa especie de contrato implícito que suscribimos, no sé si con los autores o con nosotros mismos, cuando entramos a un cine.

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  2. jadsmpa79

    Más que un género o tipología creo que son determinadas películas las que sufren más que otras la visión en uno u otro dispositivo, la reducción de escala. No importa si son narrativas o no (y hay bastantes experimentales que están guiadas por una funcionalidad narrativa, la misma que, por ejemplo, poseen muchas de Straub & Huillet, incluso a aquellas que muestran a gente perorando en la naturaleza). Me temo que reincido en viejos lamentos al envidiar iniciativas como la de Cineinfinito; quienes hemos vivido toda la vida en provincias, sin una buena filmoteca a mano, carecemos de la oportunidad de ver películas “raras” en pantalla grande, déficit que paliamos, por suerte, a través de internet. Pero que el cine de difícil acceso se pueda pescar en la red no quiere decir que se vea en el ordenador; estimulado por tu comentario, he visto varios filmes de Barbara Meter en un buen televisor (es para lo único que sirve el tal aparato) y no echo en falta la pantalla grande (quizá porque me he acostumbrado a ver todo así, otra cosa es que tuviese a mi disposición un cine privado, como Ingmar Bergman, sueño de cualquier cinéfilo). Volviendo a la directora holandesa, su obra es de interés desigual, pero con picos muy notables, no solo las citadas “Ariadne” y “A Touch”, sino también “Convalescing” (que podría ir antes de los créditos de “Psicosis”), y sobre todo “Verschijning”, o “Appearances”, emocionante y fantasmagórica.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Desde luego, entre lo mejor y lo posible, la elección es clara. Y esto no solo vale para la forma en que vemos las películas, sino también para su elaboración misma: en la página web de Barbara Meter se puede ver un micro-documental (“Schema”) sobre su proyecto inicial para “Appearances”, que tuvo que desechar porque no consiguió financiación.
      La limitación es algo consustancial a nuestras vidas, y basta pensar, en otros ámbitos, en cuántas obras literarias o poéticas conocemos solo por traducciones, cuántas músicas hemos escuchado solo en discos, etc. Teniendo esto en cuenta, la oportunidad de ver estas películas en óptimas condiciones, y sin tener que vivir o viajar a (digamos) Amsterdam, es como un pequeño milagro.

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  3. JL Torrelavega

    Muchas gracias de nuevo por el apoyo al Cineinfinito que tan bien programa Felix García (un auténtico unsung hero del cine en España) y a la Filmoteca de Cantabria. Fue una pena no tener tiempo para un debate, aunque eso también permite a veces que la emoción (y estas tres de Barbara Meter son emocionantes, además de rigurosamente construidas) quede suspendida.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      El agradecimiento debe ir a Cineinfinito, y a la Filmoteca de Cantabria, que lo acoge. Somos muy dados a criticar los fallos y contradicciones, pero menos a destacar los logros, como si fueran algo natural y espontáneo y no, como en este caso, una especie de ejercicio de funambulismo que se mantiene en pie gracias a una mezcla de destreza, dedicación y paciencia poco comunes.

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