Desiertos

La cicatriz interior (Philippe Garrel, 1972)

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La cicatriz interior es una especie de extraña ópera en miniatura: Nico, vestida como una sibila que anunciara el eterno retorno, combina en su música la melancolía medieval (las cantigas de amigo de Martín Codax) con la melancolía del minimal (la Dream Music de La Monte Young).

A la manera de Pasolini en Porcile, en el episodio interpretado por Pierre Clémenti, Garrel escenifica aquí una mitología inexistente, y por tanto inexplicable. ¿Cómo traducir la palabra desconocida, lo que las imágenes, los gritos, el viento dicen sin decir?

There are no words no ears no eyes
To show them what you know

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En el desierto, cuna del monoteísmo, se confunden todos los mitos: Perséfone y María, Sigmund y Prometeo (estas asociaciones son arbitrarias y podrían intercambiarse por otras: no pretenden establecer ninguna interpretación); la espada y la cruz; el cazador primitivo y el hijo del rock and roll.

En un relato inuit que editó Angela Carter se cuenta que las mujeres tienen que excavar la tierra para dar a luz; si no se alejan ni profundizan mucho, será una niña; para tener un niño, la mujer protagonista, Kakuarshuk, necesita atravesar la tierra hasta salir al otro lado, a un mundo invertido en el que los recién nacidos son mucho más grandes que los adultos, a los que amamantan y guían.

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En un mundo invertido de ese tipo transcurre quizás La cicatriz interior. Como un personaje de Verne, Garrel viaja, entre otros lugares, a los paisajes volcánicos de Islandia como si confiara encontrar allí el pasaje al centro de la Tierra: con el designio del geólogo de acceder a lo interior a partir de la corteza de lo visible, de encontrar un mar proveniente de otras eras, pero no petrificado sino con olas reales, como las del armonio de Nico: All that is my own.

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La película carece de continuidad; está formada por una serie de cuadros en movimiento inspirados por las canciones de Desertshore, una de las drogas más potentes de finales de los 60. Con su mezcla de distancia y narcisismo, de rigor geométrico e indeterminación conceptual, ver en cine La cicatriz interior resulta una experiencia fascinante, que revela a Garrel como el último romántico: muy antiguo / y muy moderno; audaz, cosmopolita; / con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo, / y una sed de ilusiones infinita.

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Las imágenes proceden de cineinfinito.

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4 pensamientos en “Desiertos

  1. jadsmpa79

    Como “Sayat Nova”, como “L’Annonce faite à Marie”, “La cicatrice” es una suerte de epifanía rara, un mensaje de otro mundo, mezcla de reminiscencias arcaicas y fantasía moderna. Visualmente, me parece la película más sugestiva e hipnótica de Garrel, que al parecer no quería que el espectador se distrajese con subtítulos, de hecho llegó a prohibirlos.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      La pretensión de Garrel se expresa perfectamente en sus palabras: “Uno no debe hacerse preguntas a sí mismo mientras ve La cicatrice intérieure; debería verse solo por placer, como el placer que da caminar por el desierto”.
      Representa lo opuesto a una película como Zabriskie Point, en la que el mundo de la contracultura está visto desde fuera. Aquí la realidad se reduce al desierto, no existe ninguna voluntad informativa, y la edad de oro no se proyecta en un futuro que podamos imaginar desde el presente, sino en el origen. Esto la une con Lumière, y también con las películas que citas, extraños objetos provenientes de otras erupciones de la regresión romántica.

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  2. jadsmpa79

    Estas regresiones (particularmente a la Edad Media) son una de las características menos señaladas de la juventud de la época, a la que siempre se nos pinta tras barricadas y libros sobre Mao. De algún modo se sentían hermanados con las juventudes de otras épocas, mientras que los jóvenes de hoy solo están hermanados con el móvil. De acuerdo con lo que dices sobre “Zabriskie Point”, película decorativa, tanto es así que queda mejor en los posters que en la pantalla.

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  3. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Los años 1960 y 70 vieron el regreso del decandentismo, el nihilismo y otras figuras provenientes de 100 años antes, lo que prueba quizá la continuidad subterránea del romanticismo, acompañado de otros movimientos opuestos, durante los últimos dos siglos. (Buena parte de las películas de Garrel son una variación sobre “Werther”.) Quizá es un efecto de perspectiva (temporal, eurocéntrica), pero sí parece que después ha habido una ruptura: no me atrevo a juzgar a la juventud de hoy, aunque da la sensación de que, cada vez más, la negación forma parte del sistema, mientras que la fe en el progreso tecnológico desplaza a las viejas utopías.
    Pese a su punto de vista exterior, a mí también me gusta “Zabriskie Point”, una experiencia visual muy distinta de “La cicatrice intérieure” pero no menos fascinante.

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