Cine como música

Rhapsody on a Theme from a House Movie (Lorne Marin, 1972)

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En la sesión del pasado 2 de febrero, Cineinfinito abordó la obra de un cineasta canadiense perteneciente a la llamada Escarpment School (escuela de la escarpadura), constituida en los años 70 y que agrupa también, entre otros, a Rick Hancox, George Semsel, Philip Hoffman, Richard Kerr o Mike Hoolboom –nombres que no figuran inscritos en la gran Historia del cine, lo que no debería ser un motivo para seguir ignorándolos. Hablar de escuela puede resultar equívoco para un tipo de cine que tiene poco de académico: en realidad se trata de un grupo de cineastas cuyo vínculo es haber asistido a las cursos de cine de Rick Hancox en el Sheridan College de Ontario.

Lorne Marin, como los románticos, empezó muy joven, y el cine lo abandonó también demasiado pronto: su última película data de sus 29 años. Su destino es particularmente trágico para un cineasta, ya que sufre un proceso degenerativo de origen genético conocido como síndrome de Usher, que conduce a una pérdida progresiva de la visión y el oído.

La primera película de la sesión que le dedicó Cineinfinito se presenta como una serie de variaciones sobre un tema de House Movie, la película de Rick Hancox que vino a estas páginas hace un año. Sobre ella, Philip Hoffman, otro de los cineastas del grupo, escribió este texto:

“House Movie” es una elegante película personal en la que la cámara envolvente y melancólica de Hancox aparece como testigo delicado de la ruptura con su compañera Barbara. La película esquiva los inconvenientes típicos de las películas personales por su planteamiento conceptual. Las actividades del día a día en la casa parecen registradas desde el punto de vista de la casa misma, y así un distanciamiento “objetivo” impregna la pieza. Cuando vi la película en 1977 me sugirió que las películas podían ser como música, en el sentido en que la música sugiere estados de ánimo más que narración, ritmo más que argumento. Pero la historia de una vida está ahí, subterránea, en “House Movie”. A través de un estribillo de rupturas y reconciliaciones y mudanzas por varias casas, la pareja sucumbe al progresivo ensombrecimiento de su relación. En esta película, como en la vida, el cambio sobreviene de forma lenta y repetitiva.

Recuerdo una entrevista con Rick Hancox que se publicó en el periódico local cuando yo estaba en la Universidad. En ella observaba que si los romanos hubieran hecho películas, nos interesarían más sus películas caseras que sus largometrajes.

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La película de Lorne Marin es una película casera, pero también otra cosa; desde su mismo título, recoge la sugerencia musical de la que años después hablaría Hoffman, tomando de House Movie de Hancox el adagio de la Segunda sinfonía de Rachmaninov. Lo que en principio, según el propio autor, estaba concebido como un ejercicio formal (la película consiste en breves planos fijos de la calle en que vivía entonces el cineasta unidos por fundidos encadenados para crear un movimiento propio de la película, al margen de todo movimiento exterior), se convierte, quizá por la carga emocional de ese fondo sonoro, por la superposición de su ritmo con el creado por el montaje de las imágenes, en un vislumbre de la misteriosa conexión entre las personas y los espacios en que viven, en la estela de la cautivadora película de Hancox.

La descripción del procedimiento, muy sencillo en sí mismo, no da idea de la experiencia de ver la película: es como si Lorne Marin desanduviera el camino de la evolución del cine para volver, por otros medios, de forma no mimética, a sus orígenes experimentales, a la era de la linterna mágica, al espíritu de Georges Méliès (que figura en la lista de agradecimientos de otra de sus películas). La utiización sistemática del fundido encadenado difumina el antagonismo de presencia y ausencia; vemos y dejamos de ver a los escasos transeúntes, a las siluetas que aparecen detrás de una ventana, como si la cámara nos trasladara al punto de vista de los edificios y los objetos, testigos mudos del paso fugaz de los seres humanos.

El movimiento puntillista de la película de Marin evoca la quietud llena de sugerencias de las casas de Colorado Springs que Robert Adams fotografió en su libro The New West, y también, con mayor sintonía geográfica, el poema que William Carlos Williams dedicó a Nantucket:

Flores tras la ventana
azules y amarillas

veladas por visillos blancos–
Olor a limpio–

El sol del atardecer–
En la bandeja de vidrio

un jarro de cristal, el vaso
boca abajo junto a

una llave– Y la
blanca cama inmaculada

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A diferencia de Hancox, Marin evita toda referencia narrativa y autobiográfica, y se limita a registrar solo la piel exterior, las fachadas y umbrales, los números de las casas, las señales, los coches aparcados, el espacio público; y sin embargo la parte sugiere el todo. Su siguiente película, la más compleja Second Impressions, de 1975, nos introducirá en la casa del cineasta, cuyas ventanas se convertirán en pantallas sobre las que, por la noche, se proyectan fragmentos de esta y otras películas suyas, como visiones mágicas y obsesivas.


Las imágenes de las películas de Lorne Marin y Rick Hancox proceden de cineinfinito. Las fotografías de Robert Adams de ahornmagazine.com y artblart.com

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2 pensamientos en “Cine como música

  1. jadsmpa79

    Aunque no he podido ver la película, siempre he estado interesado por el modo secreto en que las cosas, y en particular los elementos que configuran la ciudad, nos observan. Creo que tienen alma, una vida que a veces se cruza con la nuestra diciéndonos cosas que somos incapaces de entender. No sé si para hablar de esta metafísica urbana haría falta un arquitecto, pero el cine tiene mucho qué decir al respecto.

    Responder
  2. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Ha habido grandes cineastas relacionados con la arquitectura (Lang, Eisenstein, Ray, entre los que me vienen ahora a la cabeza), pero creo que basta una persona con sensibilidad… Lorne Marin tenía unos 18 años cuando hizo esta película, que funde inventivamente espacio y tiempo. El cine, arte del espacio (como escribió Rohmer), es decididamente un medio incomparable para captar el “alma” de los espacios, como también de los objetos.

    Responder

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