El camino de la cesación

Path of cessation (Robert Fulton, 1974)

rostros superpuestos

Esta película del aviador, músico y cineasta experimental Robert E. Fulton, se inicia con un largo plano filmado, cámara en mano, en el patio de un monasterio budista en Nepal: una imagen en blanco y negro con mucho grano, que se sostiene gracias a la sola fuerza del encuadre –muestra a un monje que toca la percusión ritual en la planta alta del monasterio detrás de una bandera de oración sostenida en un poste, de modo que la figura del monje queda oculta o visible al ritmo que marca el ondear del viento en la bandera.

patio nepal

Esta contemplativa llamada a la oración, o a la meditación, con su puerta abierta en un extremo del encuadre, funciona como pórtico de una película que transcurre después a una velocidad muy distinta. En el tramo final del plano-secuencia, un segundo monje se une al primero y, casi sin solución de continuidad, ambos sustituyen la percusión por unas trompas tibetanas; sobre este fondo abandonamos el patio, y pasamos de la lenta monodia religiosa en plano fijo a un contrapunto acelerado de imágenes en que se funden tierra, aire, agua y fuego: nubes entre las cumbres del Himalaya, senderos en la nieve, pueblos ensimismados, rostros sonrientes de campesinos, ganado, diagonales de luz en la hora del crepúsculo, que se suceden y se superponen a una velocidad que impide cualquier delectación posesiva o turística.

La acumulación de capas tiende a borrar, a destruir las formas concretas; en una entrevista televisiva en el programa de Robert Gardner Screening Room, Fulton decía: “Prefiero hacer que las cosas lleguen a ser incomprensibles, porque lo que sé no tiene ningún interés para mí (…) Siento que la belleza me destruye, y hasta cierto punto se puede ver esta destrucción en mis películas (…) están hechas en torno a los límites entre saber y no saber, entre sentir y no sentir, entre ver y no ver.”

De este modo, la mirada de Fulton representa la antítesis de la aspiración que expresó Fausto (de la que procede el impulso que condujo a la invención de la fotografía), de detener el fluir del tiempo para retener la belleza del instante; su visión se aproxima más a la metafísica oriental, cuya pulsión acumulativa, su negación del tiempo y sus cambios (la rueda del samsara), tienden a rebatir el principio de individuación y, por ende, toda lógica de dominio.

rueda

Otra forma más sutil de superposición aparece en el segmento siguiente (que se abre, después de un fundido a negro, con unas imágenes del Dalai Lama) mediante la combinación de movimientos relativos: el de las figuras en el interior del plano, el de la propia cámara, y el creado por el montaje y yuxtaposición de los sucesivos planos, siguiendo el camino abierto por cineastas tan dispares como Dziga Vertov o Maya Deren. Agricultores, porteadores, cocineros, padres e hijos, ancianos, caminantes, jinetes y ciclistas, tejedoras, herreros y monjes se unen y se identifican: el trabajo, el juego y la oración aparecen como distintas facetas de una realidad única.

diagonal

En el raudal de imágenes, se intercalan el blanco y negro y los tonos ultrasaturados del Kodachrome (Fulton dijo también que se había sentido intoxicado por la nitidez de la luz de Nepal; como si, en vez de mal de altura que aqueja a otros viajeros, hubiera sufrido de una variedad exótica del síndrome de Stendhal). La misma diversidad que en las imágenes se aprecia en el tratamiento de la banda de sonido, que alterna el registro sincronizado, el anticipo o prolongación de música de fondo más allá de su justificación visual, y el silencio.

La película pierde algo de fuerza en las secuencias centradas en torno a la figura de un gurú cuya frente parece una montaña, que aparece primero jugando al ajedrez, luego atendiendo a una familia de refugiados, más tarde a diversos fieles en una toma con teleobjetivo (a medias oculto, como el monje del inicio, por la manchas desenfocadas de vegetación y las personas que se mueven por delante de él), y al final caminando por un amplio camino rodeado de árboles. Sin duda el personaje impresionó a Fulton, que no tuvo reparo en remansar el flujo de las imágenes para convertirlo en el centro figurativo del mandala que dibuja la película a lo largo de su transcurso. En conjunto, la sensación que transmite esta puede ser evocada a través de las palabras de Octavio Paz, otro occidental seducido por los caminos de Oriente:

Cola de pavo real el universo entero
miríadas de ojos
                              en otros ojos reflejados
modulaciones reverberaciones de un ojo único
un solitario sol
                           oculto
tras su manto de transparencias
su marea de maravillas

final

Path of cessation puede previsualizarse en: americabyair.com

Las imágenes proceden también de:

 

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4 pensamientos en “El camino de la cesación

  1. jadsmpa79

    Un par de viajes frustrados a Nepal y el magnífico comentario agudizan mi nostalgia por lo desconocido. Aún así, poder acceder a la película (espero que en su integridad) representa una buenísima noticia. En cuanto me sea posible, la veo y recomento. Muchas gracias por descubrirla.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Las gracias por el descubrimiento corresponden a quienes hacen posibles las sesiones de cineinfinito en la filmoteca de Cantabria, y en primer lugar a su programador, Félix García. Las películas de este tipo, más aún que las demás, requieren una proyección de calidad para ser apreciadas debidamente; en este sentido, el enlace de americabyair incluye el metraje completo de la película (que también ha sido proyectada otras veces en formatos más reducidos), pero su calidad de imagen no resulta suficiente más que para hacerse una idea preliminar de ella. La película se resiente en particular en las secuencias de imágenes superpuestas, en las que la copia supera el límite entre ver y no ver que buscaba Fulton para instalarse en lo segundo.

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  2. jadsmpa79

    Dado que no tengo acceso a las proyecciones de la filmoteca cántabra solo puedo felicitarles y agradecer por persona interpuesta. En cuanto a la película, aunque afortunadamente no es tan visualmente agresiva como los cortos de su autor, es verdad que a veces (lo experimental no es bueno “per se”) abusa de la sobreimpresión, las imágenes subliminales, el uso sistemático de las disolvencias y la fragmentación a través del montaje, que en mi opinión casan mal con el sujeto del filme; en este sentido, el largo plano fijo inicial deviene una antitésis del resto; con todo, muy interesante.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      La película está construida sobre el principio del contraste y, como sugieres, aplica técnicas de montaje muy sofisticadas a imágenes que reflejan, en primera instancia, una realidad primitiva. La película tiende a la abstracción, no al documental. El principio del contraste hace que las técnicas varíen; habría que analizar la alternancia de imágenes fijas (el largo plano inicial, pero también la escena de los niños recitando oraciones y la del gurú entre los árboles y la mujer occidental sumida en la meditación) con las secuencias de exposiciones múltiples y las de montaje acelerado. Lo que tienen en común todas ellas, me parece, es que no invitan a la contemplación sino al trance; a obtener una sensación sintética más allá de los detalles concretos. Al verla en sala, a mí me pesaron más las secuencias reposadas del gurú que las más “experimentales” y percutientes; aparte del fascinante plano inicial, me gusta en particular el bloque entre los minutos 15 y 19, aproximadamente.

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