El agujero de los partisanos

Les yeux ne veulent pas en tout temps se fermer, ou Peut-être qu’un jour Rome se permettra de choisir à son tour (Danièle Huillet, Jean-Marie Straub, 1970)

dar la espalda

Como ocurrirá más tarde con Moisés y Aarón, esta película, tal vez la de título más largo en toda la historia del cine, nace de la unión de un texto y un lugar: ¿por qué Othon y no otra tragedia de Corneille? El propio Straub lo ha explicado: por el azar de haberla leído después de haber encontrado la terraza del monte Palatino, en Roma, y haber rodado ya en ella, mentalmente.

La distancia entre la Roma de Tácito y el Fontaineblau de Corneille es, para nosotros, equiparable: como evidencia el plano de apertura, Huillet y Straub buscan el intersticio por el que penetrar en la cárcel dorada de los alejandrinos, dejar que el viento mueva los ropajes de las estatuas. En un viaje dialéctico ajeno a cualquier didáctica de regurgitación, convertir lo clásico en contemporáneo exige restituir su radical extrañeza.

Cine de poesía en su más estricta acepción, como una lupa que concentra la luz solar, la película apunta a un objetivo simple: dar vida a la letra muerta, convertir el verso escrito en verso hablado. Pero no dicho de cualquier manera: la respiración de los actores es más importante que el sentido de sus frases, el discurso se ensaya como si fuera música (sometido a una aceleración similar a la que Glenn Gould aplicó a las Variaciones Goldberg), y se inserta en un fondo sonoro lleno de obstáculos (el tráfico, las fuentes, las cigarras). La velocidad de la recitación tiende a hacer opaca la trama, la psicología, y centrar la tensión en el gesto: todo es convencional y, por tanto, todo puede cambiarse.

Como comprendió Jean-Claude Biette, que interpreta a Martian en la película, no hay evocación mejor de lo que sucede en ella que los versos de Flavie en el acto II:flavie

Sus gestos concertados, sus miradas medidas
No dejaban ni un verbo partir a la aventura,
No había más que pompa en todo su relato,
Incluso en sus suspiros la exactitud reinaba,
Seguía paso a paso un afán de memoria,
Más fácil de admirar que de creer sin duda.

La toma de partido por el significante frente al significado, y la misma violencia de la forma cinematográfica, de los cortes sin raccord, de los encuadres regidos por una lógica oscura pero inapelable, desplazan el sentido de la violencia original del texto; una violencia sin dramatismo, que se dirige no ya contra Corneille sino contra la noción de Cultura, incluyendo (casi) toda la tradición cinematográfica.

Si es cierto que la palabra le ha sido dada al hombre para ocultar su pensamiento, el cine de Huillet y Straub presta atención también a lo que no miente; según la frase de Grififth que tanto le gusta citar a Straub, a la belleza, la belleza del viento en los árboles.

viento

Fuente de las imágenes: revista lumiere

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2 pensamientos en “El agujero de los partisanos

  1. jadsmpa79

    Texto tan conciso como ejemplar, complementario al que publicó el otro día Jesús Cortés sobre “Lothringen”. Sí, posiblemente sea la de Straub-Huillet una de las más altas expresiones contemporáneas de la antigüedad, construida sobre una poética de bronca belleza que también se halla en aquellos filmes basados en escritores más cercanos en el tiempo como Pavese, Kafka o Bernanos. Es difícil de explicar porque el cine de la pareja (desde años sólo de Straub, aunque no lo digo con total seguridad dada la influencia perdurable de ella), tan aparentemente duro y hermético, me resulta, al menos a mí, fluido, ameno y apasionante, como he tenido ocasión de comprobar hace un par de semanas en la revisión de una de sus obras menos accesibles, “Dalla nube alla resistenza”.

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  2. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Gracias, José Andrés. Tu aportación toca un punto fundamental, que es del placer: los primeros comentaristas, incluso favorables, del cine de Straub y Huillet hablaron en términos de expiación sadomasoquista (Pasolini) o ejercicios espirituales (Daney). El paso del tiempo permite ahora disfrutar sencillamente lo que antes era obra de vanguardia dura, con la única condición (se dice fácil, pero no hay nada más difícil) de que seamos capaces de dejar atrás durante unos minutos nuestras ideas previas sobre lo que “debe ser” una película.
    No conozco y tengo muchas ganas de ver “Lothringen” (por el texto de Jesús) y “Dalla nube alla resistenza” (por tu recomendación y también por el recuerdo de mis viejas lecturas de los “Diálogos con Leucó”).

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