La serpiente que se muerde la cola

Fascinación / Obsession (Brian de Palma, 1976)

michael

Igual que los niños aprenden por imitación, los cineastas eligen a sus padres y copian de ellos. Esto siempre ha sido así y, por centrarnos en Hitchcock, incluso en la aislada España de la posguerra directores como Llobet-Gràcia o Nieves Conde se inspiraron ya en su obra. En los años 70, al cruzar el charco la política de los autores creada por la crítica francesa, la tentación mimética alcanzó un clímax. Los nuevos cineastas americanos empezaron a tomar a sus padres demasiado en serio, a venerarlos con un punto de narcisismo; en paralelo, estos directores consiguieron alcanzar cotas de poder y dinero que antes solo estaban al alcance de las estrellas (aunque el exceso de ambición condenó a alguien como Cimino a repetir la vieja historia de Stroheim y Welles).

La crítica y el público han digerido mejor la mímesis cultivada por Woody Allen (o, en otro contexto, por Bill Viola) que los desiguales experimentos formales de Brian de Palma. Si Platón criticó a los artistas por hacer copias de copias (considerando como tales a las impresiones sensibles en relación con las ideas), una película como Obsession sería la copia de una copia de una copia: una sucesión de muñecas rusas que empieza como El infierno del odio, luego revela que su referente principal es Vértigo, que se mezcla más adelante con Rebeca y acaba desembocando, como si la estructura de la película fuera un juego de manos, en The searchers. (Hoy estas referencias pueden parecer demasiado obvias, pero hay que recordar que entonces esas películas no estaban tan consagradas por el consenso crítico.)

Pero el metafísico Platón no es el mejor guía para la apreciación estética, y Obsession resulta una experiencia visual y auditiva de primer orden, y una de las grandes películas americanas de los años 70. Su coherencia no hay que buscarla en un análisis típico de contenido, verosimilitud, personajes: en ese caso toda la estructura se desmorona; y sin embargo, mientras uno la ve, no sucede así.

genevieve

La principal diferencia con Vértigo es que la película de De Palma carece de “interés humano”: esto, que los críticos de gusto clásico, entienden como la clave de su fracaso, es en realidad un presupuesto de la posmodernidad, proclamado por Nabokov como requisito esencial de toda obra artística. Una cosa es creer en la verdad de esta idea (surgida en una época en que el arte y su difusión mediática empezaban a sufrir la inflación del contenido), y otra condenar todas las obras creadas a partir de ella.

pintura sobre pintura

Intentemos, entonces, ver Obsession de otro modo: como una especie de performance, un oratorio profano con maravillosa música de Bernard Herrmann, en el que de Palma se pone en escena a sí mismo; ese hombre (Cliff Robertson) obsesionado por una mujer perdida, esa mujer (Geneviève Bujold) obsesionada por repetir un hecho que marcó su vida, son en realidad representaciones del propio cineasta, que trata de ponerse a la altura de Hitchcock y Ford pintando encima de sus obras en los altares de San Miniato. En este sentido, y más allá de una cita superficial que aparece en el tramo final, el gran referente de Obsession sería Dial M for Murder, película que sugiere la relación metafórica entre la maquinación del protagonista (Ray Milland) y la del propio cineasta que la construye en imágenes. El amigo obsesionado por el dinero (John Lithgow) podría representar la figura del productor, y su aliado el psiquiatra, con su discurso venal y lleno de lugares comunes, al crítico –que aparece separado del artista y su amplitud de miras por un catalejo.

fotografo

De Palma consigue una atmósfera enfermiza muy diferente a la de Vértigo. La amada imposible, en su transmutación final, se convierte en una figuración de la propia película, a la que el director, después de haberla odiado, consigue reconocer y amar. El relato se transforma en poema, y la espiral en círculo: una pompa de jabón irisada, un ser sin cuerpo que se muerde la cola. Coleridge escribió: “El fin común de toda narración o, mejor dicho, de todo poema es convertir una serie en un Todo: lograr que esos hechos, que en la historia real o imaginada avanzan en línea recta, adopten en nuestro entendimiento un movimiento circular –la serpiente que se muerde la cola”. (1)

boda

(1) Citado por Eliot Weinberger en “El vórtice” (“Las cataratas”. Duomo ediciones. Barcelona, 2012).

Fuentes de las imágenes: angelfire.com / dlatoure.blogspot.com / filmaps.com / jonathanrosenbaum.net

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2 pensamientos en “La serpiente que se muerde la cola

  1. jadsmpa79

    Más allá de la música de Herrmann, nunca me satisfizo del todo esta “exégesis” de De Palma, pero en vez de echarla por tierra es más productivo intentar entenderla, como tú has hecho. Habrá que repasarla.

    Responder
    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Desde un punto de vista clásico el cine de Brian de Palma es un fracaso; Lourcelles lo sentenció con su excelente capacidad de síntesis: “Uno de los múltiples aspectos del genio de Hitchcock era su facultad de cargar sus abstracciones visuales de un peso inmenso de concreción; un peso que brilla aquí por su total ausencia”.
      Pero lo mismo se podría decir de muchos otros cineastas, empezando por Godard. ¿Y por qué hacer estallar la pompa en busca de un contenido probablemente ajeno a las intenciones de su autor, en lugar de disfrutar de su perfección (de la que la música de Herrmann es parte esencial)?

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