Body art

Double Labyrinthe (Maria Klonaris & Katerina Thomadaki)

Cuando no lograba recordar su propio aspecto físico, ella se apoyaba en el espejo y hallaba allí su presencia, no real sino sugerida, apenas presente pero allí en cierto modo, desde cierto punto de vista, en algunos espejos más que en otros, y era más que una reproducción pesarosa, pues dependía de la hora y de la luz y de la calidad del cristal, de las estrategias del cristal, con su inversión de la derecha y la izquierda, en esta habitación o en aquella, porque todas las imágenes de todos los espejos no dejan de ser virtuales, incluso cuando uno espera verse a sí mismo.

En su quinta sesión de Cineinfinito, la Filmoteca de Cantabria proyectó el pasado sábado un programa dedicado a las cineastas griegas Maria Klonaris y Katerina Thomadaki.

Si restringimos lo cinematográfico al material fílmico que se inscribe en la tradición de Griffith y sus herederos, la obra de Klonaris y Thomadaki puede parecer ajena y remota, más próxima a otras disciplinas que al cine como fin en sí mismo; si no fuera porque, en un determinado momento, la ruptura con la tradición configura una nueva tradición. Klonaris y Thomadaki tomaron del cine experimental norteamericano la idea de que era posible filmar imágenes de otra manera, y también producir películas de otra manera: volver atrás, y será un progreso –como escribió, en otro contexto, Verdi. Así, estas películas se sustraen a la corriente evolutiva principal del llamado “séptimo arte”: no solo privilegian la representación sobre el significado fijo y cerrado (extirpando la narración y la lógica verbal), sino que también renuncian a uno de los grandes principios de fuerza del cine clásico, su condición de arte colectivo (casi siempre bajo dominio masculino). Aquí solo intervienen dos personas, dos mujeres, que se sitúan de modo alternativo a ambos lados de la cámara, sin que una u otra posición implique un grado mayor de poder.

En palabras de las propias autoras: La existencia de un sujeto que filma, tradicionalmente sujeto del deseo, deja de implicar un objeto filmado / objeto del deseo; por el contrario, a través de una inversión desalienante, el objeto de la mirada se transforma hasta tal punto por su propia construcción imaginaria que se impone como sujeto mirado. (…) Fundamento de la construcción sintáctica de la obra, lo “fascinante actúa como un revelador de doble filo: espejo roto y recompuesto en el que se reconoce a la vez el sujeto que filma y el sujeto filmado, como si cada uno formara parte del otro.

Al margen de los escritos de las autoras, el comentario verbal de este tipo de cine es una empresa contradictoria de por sí, y más si se tiene en cuenta lo inaprensible del material y la dificultad de recordar detalles tras una sola visión: este texto no pretende ser más que una llamada de atención.

El título de la película se representa en su primera imagen: un doble laberinto circular colocado en serie, que inmediatamente se asocia a los ojos. Laberinto doble se estructura en dos partes, y cada una de ellas se abre con las imágenes del ojo que mira, el ojo que es mirado, el ojo de la cámara y el espejo: metáforas alternas de un laberinto cuyas piezas no se pretenden encajar a toda costa.

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En las dos partes del díptico, la sangre, real o simbólica, fluye de la boca, en una suerte de menstruación verbal. Para revelarse, el cuerpo se oculta bajo materias blancas como el arroz (cuya caída observamos en silencio) o la harina (como ceniza volcánica), en rituales inventados que Katerina Thomadaki encarna con la misma seriedad que si se tratara de una ceremonia arcaica transmitida de generación en generación. Su cuerpo aparece también encerrado en un plástico transparente como una crisálida, rodeado de flores amarillas: las imágenes de composición más bella, desde un punto de vista pictórico, aparecen unidas a la idea de la muerte. Finalmente, el rostro se oculta bajo un antifaz negro y el torso bajo un peto de encaje negro: la seducción, la máscara social configuran otros estratos de la identidad.

La segunda parte nos muestra una cara distinta, menos frágil, más severa y agresiva, cubierta primero con una máscara plateada, y luego con proyecciones de signos extraños. Otra mujer oficia una nueva serie de ritos; tratando de acceder al otro lado del espejo, introduce en un vaso con agua diversos objetos: pétalos, una caracola, un ojo.

Como en la Ética de Spinoza, en la obra de Klonaris y Thomadaki desaparece la separación entre cuerpo y espíritu: ambos son la misma cosa, meros atributos de la sustancia inaprensible que configura nuestras vidas.

La cita inicial es de Don DeLillo: Body art. (Editorial Circe. Barcelona, 2002).

Fuentes de las imágenes: http://www.klonaris-thomadaki.net / elles.centrepompidou.fr / crac.languedocroussillon.fr

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2 pensamientos en “Body art

  1. Luis S.

    La cita de las autoras sobre su película me resulta incomprensible. Me recuerda a los textos que escribía hace unos años un tipo apellidado Martín en los folletos que la Filmoteca CajaEspaña distribuía cuando organizaba ciclos de cine en Castilla y León. Siempre “sujeto”, “objeto”, “alienación”, “grieta”, Deleuze por aquí, Baudrillard por allá, Lacan más acá.
    Yo pensaba que el post-estructuralismo y sus juegos ya había quedado atrás, no sé qué piensas.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Preferí citar un texto original en vez de hacer una paráfrasis. Mi traducción del francés, que incluía una errata, puede añadir confusión; pero supongo que te refieres a su lenguaje, tan dependiente de las modas filosóficas francesas de los 70.

      Solo puedo decir que para mí el texto, y en especial la película al que se refiere, tienen contenido, y son algo más que humo post-estructuralista. Intento prestar atención a las obras individuales antes que condenar en bloque a todos los seguidores de una corriente, o que hayan podido incurrir en determinados tics de época; ¿quién no lo ha hecho en mayor o menor medida?

      En el ámbito de la crítica, me interesan muchas de las cosas que he leído de Jesús González Requena, por ejemplo.

      Un saludo

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