El invierno de nuestro descontento…

Fin de un invierno (Paulino Viota, 1968)

fin de un invierno

El pasado sábado pude ver, en una sesión de homenaje a Paulino Viota que tuvo lugar en las suntuosas ruinas de la sede de la obra cultural de Caja Cantabria, esta película remota y sorprendente (la historia del cine guarda, a estas alturas, muchas sorpresas), devuelta a la actualidad gracias a la recuperación de la obra completa del cineasta promovida por el sello Intermedio.

Fin de un invierno, rodada en 16 mm, sigue a la trilogía formada por Las ferias, José Luis y Tiempo de busca sobre la que escribí aquí en mayo de este año; comienza con una doble escena entrelazada por el montaje paralelo, que subraya la diferencia de clase entre los dos miembros de una pareja, Tina y Luis: ella se mueve entre los rostros y las voces populares que emergen de los puestos de un mercado al aire libre lleno de gente (que, con la perspectiva del tiempo, casi parece un escenario de película neorrealista), mientras que él deambula tranquilamente por los corredores desiertos de una tienda muy elegante.

Luego los dos protagonistas se reúnen y tienen una discusión que centra el argumento de la película: ella quiere marcharse a Barcelona (porque necesita trabajar y no encuentra ningún puesto de interés en la pequeña ciudad de provincias en que viven), mientras que él no comprende su empeño y trata de disuadirla. Esta conversación está filmada de un modo ajeno a la planificación clásica de plano y contraplano: al margen de quién habla y quién escucha, la primera parte de la escena se centra en el rostro de él, que mira a todas partes menos a ella; y la segunda parte en el rostro de ella, cuyos ojos oscuros y penetrantes no se apartan de él.

Hacia el final (el último día de Tina en Santander), volvemos a ver, en montaje paralelo, cómo ambos personajes se visten, cómo se preparan para enfrentarse a la vida social. En este caso, parece que el paralelismo no subraya tanto una diferencia de clase como de condición: el hombre frente a la mujer. Ella es el eslabón más débil desde todos los puntos de vista.

Es memorable el último paseo de Luis y Tina, iluminados por los escaparates, en el que la planificación expresa, sin necesidad de palabras, la ruptura de la pareja: nunca los vemos juntos en su totalidad, sólo fragmentos de sus cuerpos, de sus abrazos.

La película parece que va a concluir, como la precedente Tiempo de busca, con un tren que parte; sobre el fondo sonoro de la voz mental de Tina (“no lo entiendo… no me gustan las cosas que hago…”), una imagen partida en dos: el paisaje que se desliza por la ventanilla del tren y un gran primer plano de ella, digno de las películas que hacía por aquella época Ingmar Bergman.

El epílogo en un laberíntico restaurante de Barcelona no culmina nada en términos de narración convencional, pero lo dice todo sobre la situación de la protagonista (que se enfrenta al acto cotidiano de alimentarse en completa soledad, indefensa y desorientada), y una vez más sin necesidad de palabras ni explicaciones: únicamente mediante los movimientos de la cámara, su única compañera, en torno a ella.

El propio Paulino Viota comentaba que esta secuencia representa un avance frente a otra de la película anterior, Tiempo de busca, también protagonizada por una mujer llamada Tina, en la que esta, tumbada en su cama, dibuja un laberinto en un trozo de papel: el mismo significado se expresa aquí de una forma más elegante e integrada en la acción.

Fin de un invierno es una película de formación en dos sentidos: por el lado del contenido, como en las novelas alemanas que se encuadran bajo esa denominación, muestra el aprendizaje de una joven que trata de construir su ser mientras se enfrenta a las dificultades del mundo exterior; desde el punto de vista formal, es el experimento de un joven que trata de aprender el oficio del cine, y para ello se enfrenta a dificultades análogas. Fondo y forma confluyen así en la unidad de un tiempo de busca (como apunta el significativo título de la obra precedente), que aquí concluye para Paulino Viota -al final de la película, los caminos de director y personaje divergen: cuando más perdida está su protagonista, menos lo está el cineasta.

Como en Vivir su vida de Godard (película mucho más compleja y ambiciosa, pero guiada por el mismo espíritu de no dar nada por sentado, de no limitarse a hacer las cosas del único modo en que se supone que deben hacerse), hasta las planificaciones y los movimientos de cámara más arbitrarios y “locos” en apariencia, resultan a posteriori pertinentes y exactos, y contribuyen a la punzante veracidad, a la emoción que (como las fotografías antiguas que el azar pone un día en nuestras manos) transmite este retrato sobre fondo gris.

contrapicado-net

Anuncios

2 pensamientos en “El invierno de nuestro descontento…

  1. Rodrigo Dueñas

    Excelente comentario para esta película que, por fin, he conseguido ver.
    Es una obra más cerrada, más amarga aún que los cortos precedentes (a lo que contribuye además el carecer de color y el no recurrir a la música pop). Lo que en principio es la crónica de una separación y el retrato de Tina (un personaje lleno de determinación que una vez
    que logra lo que quiere, se plantea si ha hecho bien), algo casual, un trozo de vida, encubre ya una estructura muy propia de las que luego Viota ha ido descubriendo en obras ajenas. Aquí, aparte de las señaladas por el autor del blog, hay simetrías como el recurso al documental al principio y en una escena posterior, el presentar dos largos encuentros de la pareja y dos visitas de Tina al piso del amigo, el resolver la escena final con la cámara siguiendo y dando vueltas alrededor de la protagonista tal como ya hizo en la segunda visita al piso del amigo o en mostrar los dos encuentros de los novios sin recurrir al típico plano/contraplano (en la primera escena -como bien señalas, anónimo autor del blog- la cámara tiende a centrarse en el rostro de uno de ellos mientras oímos al otro en off; en la última son planos sostenidos de los dos juntos donde, sin cortar, la cámara se desvía hacia quien es el centro de atención, dejando fuera al otro). Seguramente habrá más simetrías.
    Y qué estupenda es Guadalupe Güemes.

    Responder
    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Muchas gracias por el comentario, y por las sugerencias sobre simetrías estructurales (que se me han escapado en la primera visión), siempre tan importantes en Paulino Viota. Él mismo ha analizado y desvelado, como dices, este tipo de estructuras en obras ajenas -recordando en sus cursos que se trata de uno de los rasgos constitutivos de la poesía, según Jakobson. Y sí, Guadalupe Güemes hace una interpretación verdaderamente emocionante.

      Un saludo,

      Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s