La alegría

French cancan (Jean Renoir, 1954)

Captura de pantalla 2014-09-22 a las 16.22.55

French cancan exuda el sentimiento tan francés de la joie de vivre. Su alegría se diferencia de la que expresan los musicales americanos de Minnelli y Kelly/Donen por el perfume localista (reconstruido en estilizados decorados) y la celebración explícita de los placeres de la carne; por otra parte, si en el cine americano los conflictos se deben a malentendidos y juegos de azar, en French cancan se plantean verdaderos problemas morales (la verdad y el engaño en el amor, la ridiculez de los celos), igual que en La regla del juego pero con un tono más ligero. Una deliberada celebración del artificio sustituye al estilo realista de la obra anterior de Renoir; pero lo esencial no ha variado. La ironía omnipresente y la consciencia que da la madurez limitan el sentimiento, tan francés también, de la autosatisfacción.

Captura de pantalla 2014-09-22 a las 16.18.15

Algunos cinéfilos (pienso en Truffaut) se tomaron tan al pie de la letra la película que trataron de adoptar al personaje de Danglard como modelo para sus vidas: seducir mujeres bellas y reservar su único amor para el teatro (o el cine). Pero esto no es imputable a Renoir sino a ellos.

Captura de pantalla 2014-09-22 a las 16.23.23

La película se abre con la carnalidad de la danza del vientre de la belle abbesse (María Félix) vista desde el punto de vista del público del local de Danglard; a continuación un salto de eje nos lleva al trasdós del escenario, donde este da ánimos a su nuevo descubrimiento (no una doncella, sino un hombre de apariencia débil, casi infantil, que silba caracterizado como Arlequín).

arlequin

En Renoir el placer del teatro es popular, y carece de toda pretensión elitista: su película narra, como una fábula, la puesta en marcha del Moulin Rouge, y no de un templo del arte más elevado –el cual se insinúa sólo como ironía, cuando el personaje de María Félix resiste un embate de su amante capitalista, el barón Walter, con la frase: Señor, compórtese: ¡vamos a ir a la Comédie Française!

con el conde walter

A la fábula pertenece el príncipe búlgaro Alexandre, y Nini lo trata con una ironía acorde con su condición: los sueños no están hechos para la realidad. Pero el teatro es otra cosa… La misma seriedad que el príncipe, aunque con menos cintura, tiene el otro pretendiente de Nini, el panadero Paulo. En realidad, el dilema que se plantea a Nini es que, para entregarse al arte, debe renunciar a lo que se entiende por una vida “normal” de pareja, y también incluso a un posible ideal de vida “soñada” como princesa.

celos

Danglard (interpretado de forma inolvidable por Gabin) es un modelo para Nini, porque ya ha hecho su elección y vive en todo momento conforme a ella; encara las desgracias con filosofía, consciente de que todo cambia y que es preferible aguardar tranquilamente que las aspas del molino vuelvan a girar en vez de dramatizar su detención momentánea: recibe la notificación judicial de su embargo mientras ata el corsé de su amante…

corse

Poco después tiene la inspiración de resucitar el cancan cuando ve por la calle a Nini saltando entre los adoquines de una obra pública; cuando es desahuciado de su lujosa habitación de hotel, Nini se le ofrece como un ratón cubierto de azúcar a un gato goloso (según la metáfora que aporta en su comentario de la acción Casimir el sinuoso, y que Truffaut traduciría aproximadamente en imágenes en una bonita secuencia de una de sus películas que prefiero, La piel suave):

Captura de pantalla 2014-09-22 a las 16.20.41 la_peau_douce_truffaut_1964_3_

Más tarde, cuando, convaleciente y arruinado, es atacado por Paulo, descubre en una ventana próxima una mujer que canta…

Captura de pantalla 2014-09-22 a las 16.53.04

Aunque la película trata, sin ninguna solemnidad, sobre el placer que proporciona el arte, su protagonista no es un artista, sino (diríamos hoy) un gestor cultural: esa figura esencial que se encarga de seleccionar a los artistas y hacer visible su trabajo.

Danglard resulta finalmente (como anticipó ya en dos ocasiones el personaje de la mendiga) el auténtico príncipe: sentado en el trono simbólico que Alexandre dejó vacante por su intento de suicidio (aplastado por el exceso de seriedad), se consagra a su placer, compartido con el resto de la audiencia, por el cancan (al que se une entre bambalinas balanceando las piernas), y después se fuma un puro. El último plano es el de un hombre con chistera que se tambalea a lo lejos, frente a la fachada del Moulin Rouge: un hombre, cualquier hombre; el mareo alcohólico nos iguala a todos. Parafraseando a Salinger, podríamos decir que French cancan no es una película sólida como la felicidad, sino líquida como la alegría; como tal, su encanto irresistible se nos escapa sin remedio entre las manos, entre las palabras.

nini-2

Fuentes de las imágenes: dvdbeaver.com / ecranlarge.com / laescueladelosdomingos.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s