Retrato del artista adolescente

Las ferias, José Luis, Tiempo de busca (Paulino Viota, 1966-67)

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Creo que los que hemos sido (somos) alumnos de Paulino Viota siempre hemos admirado en él, por encima de todo, la capacidad de ir a lo esencial de las películas: en un mundo como el del cine en el que abunda la información intrascendente, en el que a menudo se confunden lo importante y lo accesorio, sus comentarios y análisis siempre van al centro de la diana (allí donde, según Nabokov, se dirigen las flechas que no dejan nunca de volar).

Para los que no han sido alumnos suyos, quizá sea necesario presentar brevemente a Paulino Viota, un director de carrera precoz y fulgurante. A los 11 años, una edad en la que la mayor parte de nosotros estábamos embebidos en ocupaciones con toda seguridad inconfesables, él vio Misión de audaces de John Ford y supo que quería ser director de cine. Sus primeras películas, que son objeto de este comentario, las hizo a los 18 años con una cámara de super-8, en las vacaciones universitarias de verano y Navidades de 1966-1967. El año siguiente rodó otro mediometraje que pertenece al mismo ciclo, Fin de un invierno. De 1970 es su cortometraje vanguardista Duración, próximo al espíritu de una pieza como 4’33” de John Cage; también en 1970 hizo su película más renombrada (dentro de su marginalidad), convertida en uno de los hitos del cine underground español: Contactos. En 1974 rodó un mediometraje llamado Jaula de todos, basado en un fragmento de Diderot; en 1977, su película política y brechtiana Con uñas y dientes. Y en 1982, casi a la edad en que murió Jesucristo, rodó Cuerpo a cuerpo (1), con la que cerró su etapa como director.

Pero claro, él no es Jesucristo, y su resurrección ha sido un poco más lenta: han tenido que pasar 30 años para que su obra completa esté disponible, gracias a la edición publicada en DVD por Intermedio.(2) Los interesados podéis encontrar más y mejor información sobre su figura en el sitio web: http://uctkr99.net84.net/index.html

Hechas las presentaciones, pasemos al comentario de Las ferias, José Luis, Tiempo de busca (concebidas como trabajos independientes pero que, en una proyección continua como la celebrada el pasado 9 de mayo en la Filmoteca de Cantabria, funcionan bien como unidad).

Cuando estaba escribiendo esto, veo que el blog de Intermedio acaba de publicar las palabras de presentación para la sesión del propio autor. Así que me interrumpo para darle paso: http://intermediodvd.wordpress.com/2014/05/13/los-tres-super-8-presentacion-de-paulino-viota-en-filmoteca-de-cantabria-9-de-mayo-de-2014/

Quien llegue a ver esta película (o películas) habrá sorteado múltiples obstáculos: su oscuridad, su falta de actualidad, e incluso, como subraya el autor, su propia calidad técnica (en el sentido del material, rodado en condiciones evidentemente amateurs, con una calidad de sonido muy deficiente, en especial en José Luis).

Lo que llama la atención desde el principio es la madurez del cineasta adolescente: Viota toca de oído, tratando en teoría de aprender el oficio, pero su visión ya tiene la calidad de los maestros. A los 18 años, ya sabe todo lo que hay que saber; y, quizá lo más sorprendente: no utiliza ese conocimiento técnico para filmar pajaritos o extraterrestres, sino que traza un retrato de su entorno y de la juventud de su época para el que no conozco comparación en el cine español de los años 60: unos jóvenes a los que hasta sus madres dan la espalda, y cuyas dificultades de expresión, propias de la edad, se ven aumentadas por el clima enrarecido de una ciudad de provincias sumida en la dictadura franquista.

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Susan Sontag escribió que cualquier fotografía se convierte en valiosa por el mero paso del tiempo, en virtud de su valor documental; pero no todos los documentos del pasado son igualmente valiosos, ni apetecibles de ver: unos sólo interesan a los arqueólogos, mientras que otros siguen vivos y pueden llegar a cualquiera.

La precariedad de medios técnicos con que tuvo que trabajar Paulino Viota contrasta con la elegancia formal de sus soluciones: los planos-secuencia como el que presenta a José Luis, los travellings que siguen las discusiones del grupo de amigos de este, las confidencias de Tina y su amiga o el deambular solitario de aquella en Tiempo de busca.

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Paulino Viota es amante del rigor estructural (como se aprecia en la construcción casi musical, pero perfectamente coherente con el contenido, de Las ferias). Por azar o destino, sus retratos de la juventud santanderina de los años 60 (basados en guiones escritos por sus protagonistas) inician un bucle que se cierra con Cuerpo a cuerpo (su película final, también escrita a partir de materiales improvisados por sus actores), y que revela una visión del oficio poco habitual entre nosotros: la del cineasta como médium, que no habla en primera persona sino que trata de reflejar las vidas de quienes están a su alrededor.

Pero si el contenido de lo que narra no le pertenece, la visión es indiscutiblemente suya: porque en ella percibimos esa capacidad que mencionaba antes para separar lo accesorio de lo esencial, y para mostrar esto último de la forma más eficaz y pertinente. La manera en que trabaja los retratos ajenos desvela el retrato propio de quien no transige con ninguna imprecisión, con ninguna facilidad.

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Me parece que fue José Bergamín quien, hablando de literatura, dijo que en la narrativa francesa uno podía escoger a la carta, pero que en la española sólo había menú del día; con cuánta razón podría aplicarse este pensamiento igualmente al cine… Si la industria del cine español, con su casi sempiterno menú, ha podido prescindir de un director como Paulino Viota, los aficionados que busquen algo diferente (quienes vean en el cine una forma de conocimiento de la realidad y no un pasatiempo inocuo o sentimental) no deberían permitirse ese lujo.

Fuentes de las imágenes: http://uctkr99.net84.net/   http://contrapicado.net/

1    Un comentario sobre esta película puede encontrarse en este mismo blog, publicado en noviembre de 2013

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6 pensamientos en “Retrato del artista adolescente

  1. Jesus Cortes

    Siempre interesante lo que filmó o lo que aún escribe Viota, amateur en el sentido más estricto del término. Sólo el primerísimo Chávarri – el de “Run, Blancanieves, run” y “Ginebra en los ifnfiernos” – y Gonzalo Suárez han mantenido viva una llama que no brilla menos que la encendida por el emigrado Arrieta, por Zucca, Vecchiali o hasta Eustache.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Muchas gracias, Jesús, por tu lectura y apoyo: es un honor recibir comentarios del hombre que no sólo parece haber visto todas las películas, sino que además es capaz de establecer relaciones entre ellas con infalible memoria, y mejor criterio, en un blog que (como el filme de Godard) no es como los otros.
      Creo que Paulino Viota también se sentirá honrado (y hasta sonrojado) por la comparación con Eustache.

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  2. Jesus Cortes

    Hay muchos o al menos varios Eustache, no sólo el faro de “La maman…”. A mí me interesa mucho también y me complacen hasta más “La Rosière de Pesac”, su “Numero zero”, las conexiones fotográficas de “Les photos d’Alix”, el intrigante – más aún que la vitoreada “Sang sattawat” – experimento de “Une sale histoire”, etc.
    Viota dejó volar la imaginación, se hizo preguntas, se arriesgó a mezclar otras artes con el cine, sin adscribirse a modas. El agradecimiento que dispensamos a una Chantal Akerman, debe ir también para él o no sabremos de qué estamos hablando.

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    1. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

      Estoy lejos de tener un conocimiento integral de la obra de Eustache, y menos aún de la de Akerman… pero intuyo que la observación es muy justa: son todos cineastas “radicales”, que buscan lo esencial sin compromisos, al margen de las tendencias y las expectativas ajenas.

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  3. Jesus Cortes

    Bueno, su radicalidad es que, si no había otro remedio, buscaron entre lo que tenían cerca. En sus casas, barrios o ciudades, en sus libros, en sus recuerdos, sus sueños, sus pesadillas y cuando se terció, en sus viajes y la gente que conocieron.
    No entiendo cómo entonces no ha alcanzado el menor predicamento lo rodado en los últimos años por el viejo Giulio Questi.

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  4. elpastordelapolvorosa Autor de la entrada

    Efectivamente: si el aire no da para desplegar ramas, hay que volver a las raíces.
    Otro cineasta al que se me ocurre citar en esta línea es Marcel Hanoun, sobre el que escribiste hace poco un bello comentario.
    Gracias por las sugerencias que apuntas, que trataré de investigar.

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