Sobre la banalidad del mal (2)

The act of killing (Joshua Oppenheimer- Christine Cynn, 2012)

the act of killing

He aquí un ejemplo de documental sobre crímenes contra la humanidad con circunstancias bien diferentes a las del exterminio del pueblo judío, realizado desde unos planteamientos absolutamente contrarios a los de Claude Lanzmann. Cuando vi la película publiqué en una plataforma de internet una pequeña reseña sobre ella 1 en la que cuestionaba la suspensión de la moralidad y morbosidad que se permitía: este comentario ha sido considerado en general poco útil por los usuarios. Quizá los amantes de la película hayan maldecido, como el poema de Baudelaire, al alma débil a la que se le ocurrió un día mezclar la moral en asuntos de amor (cito de memoria). Pero debo insistir: la moral siempre es importante, y especialmente en un documental sobre un tema como el que aborda The act of killing.

Entiendo que el hecho de que nos hablen de moral tiende a resultarnos molesto porque parece que el hablante se coloca, implícitamente, en una posición ética superior; pero los admiradores de la película permiten que Joshua Oppenheimer se coloque en esa posición respecto a Anwar Congo al tiempo que lo engaña y manipula (si no ocurre a la inversa); quizá porque el hecho de haber rodado esta película supone, al mismo tiempo, una valentía indudable.

Pero mis reparos ante The act of killing no son exclusivamente éticos: su estética kitsch no me seduce ni me impresiona. El teórico horror de lo narrado se diluye por la reiteración y el vacuo sensacionalismo de la forma en que se muestra; el paseo por los subgéneros del cine comercial americano termina finalmente en el docudrama más feísta.

En última instancia, la película pertenece al género de “monstruos”: podría verse como una versión documental del clásico de Tod Browning Freaks, y su conclusión clásica, acaso no tan terrible, es que también estos tienen su corazoncito y su conciencia (basta en este caso con que un occidental les haga sentir, en el acto de actuar, la gravedad de las cosas que hicieron). La diferencia con Tod Browning radica en que The act of killing no contiene ni una sola imagen memorable; incomoda sin conseguir hacernos partícipes del horror, ni por tanto ayudarnos a comprenderlo; nos enfrenta banalmente con la banalidad del mal.

El problema para mí no radica en que la película desplace el punto de vista desde las víctimas a los verdugos, y creo que ese juicio resulta por otra parte impreciso: The act of killing muestra a los verdugos, pero lo hace desde un punto de vista exterior, de modo que estos permanecen ajenos e incomprensibles para nosotros, absurdos y surrealistas. El único verdadero punto de vista de la película, el único con el que el espectador puede identificarse, es el del juez venido de fuera: el cineasta oculto que maneja el juego de las preguntas y de las respuestas.

Fuente de la imagen: www.wsws.org

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